NOTAS  5 de julio de 2018

Diego Casanova: La zona de confort no es tal

Recibimos en Parlatanes a Diego Casanova, líder de la Rosario Smowing, en la previa de su despedida antes de la sexta gira europea. Conocé los detalles que hacen al personaje.

Un buen jueves de Parlatanes por la noche nos dimos el gusto de recibir al Capitán Diego Casanova, el líder, cantante y trompetista de Rosario Smowing. Mantuvimos una linda charla con este personaje del río y de los escenarios, que nos llevó a hablar de sus raíces, de sus historias de vida, de las giras europeas y de los 18 años de la Smowing a puro swing.

 


Quería que nos comentes un poco sobre tu apodo, el Capitán. En alguno de los recitales de Rosario Smowing que pudimos presenciar, comentabas que el apodo lo heredaste de tu padre, quien en verdad era el capitán, según tus palabras. ¿Quién era tu padre y porqué lo apodaban el capitán?
A mi viejo no lo apodaban el capitán, sino que él era capitán. Navegaba y era capitán de marina mercante. Entre todas las cosas que a uno le suceden, un día levanté el teléfono cuando tenía unos 14 años y del otro lado me dijeron "con el Capitán Casanova por favor", y me quedé pensando "que lindo que suena" y fuiste, me hice capitán. No estudié nada para ser capitán, pero me hice capitán al toque.


¿Manejás vehículos acuáticos, no?
Sí, más que terrestres. Y de mis vehículos acuáticos soy el capitán. Tengo diferentes naves y la verdad es que me cuesta posicionarme en otro lugar.


¿Creés haberte convertido en un capitán de grupo humano? Llevando adelante una Rosario Smowing que va por los 18 años.
No sé si para tanto. De alguna manera sí, por ser el gestor de la idea, por ser el único que lleva 18 años (soy el único sobreviviente a la formación original porque soy insoportable, básicamente). Porque soy el que levantó el teléfono por primera vez para armar la banda. Dentro de toda la confusión, tengo en claro para donde voy, y me es muy difícil correrme de ese lugar. Entonces generalmente comparto y me llevo bien con quienes comparten ese camino conmigo, que como todas las cosas en la vida, dura un rato. A veces mas largo, a veces más corto, pero es así.


¿Levantaste ese teléfono allá por el año 2000?
En el 99.


¿Y ya tocabas antes?
Sí, yo por suerte tengo 40 años en este oficio. Rosario Smowing es el proyecto más largo que tuve y es con el que más aprendí a compartir, a ceder.


Se me hace imposible pensar en esos años y no pensar en el contexto político áspero. Y vos en ese momento  levantaste el teléfono para formar una banda de swing, ska y jazz.
Ni siquiera se planteó de esa manera. Hace poco hablaba con otro de los socios fundadores y él me decía "vos me llamaste y me dijiste que querías formar una banda de swing", y yo no me acuerdo de haber pensado eso. Pero yo no me acuerdo de nada. Es probable que él tenga razón. No confíes en mi memoria porque te puedo decir cualquier cosa con una seguridad tremenda, pero no me acuerdo de nada. Probablemente yo haya querido hacer swing, pero sin saber como carajo se hacía eso. Por eso nunca fue un proyecto estilístico. Un día este mismo pibe, que es el señor Yaquinto, quien hace los dibujos de los discos y el bajista original de la banda, me dijo que Rosario Smowing no es una banda de swing, sino que es una banda con swing. Y me pareció la descripción más acertada, porque no somos dueños de ningún estilo, pero tratamos de que todo tenga swing.


¿Es muy difícil ponerse etiquetas, no?
Sí, porque aparte todos queremos ser re originales. Ninguno quiere ser de un club que ya inventaron, vos querés inventar el tuyo. Y después todos hacemos canciones, aunque le pongamos diferentes formas. Nadie puede escapar de que la canción sea una necesidad, nadie hace una canción con un fin determinado. Al menos nadie que hace lo que yo hago. Uno hace una canción porque sino se pega un tiro en los huevos. Es una necesidad, es no morirse. Como quien dice "yo tengo que hacer un banquito de madera porque sino se termina mi vida". Bueno, yo tengo que hacer una canción.


También has dicho alguna vez que tener una banda para vos es una necesidad.
Claro, necesito gente que me empujo. Porque hay cosas que yo no puedo hacer solo. Laburar en bandas te permite caerte. Mientras más somos, más se discimula, porque siempre tenés un par que empujan y se hace más fácil. Cuando uno lleva todo, a veces las cosas te abruman.


Están en vísperas de una fecha, el 7 de julio en McNamara, que es como la despedida. Antes de estas giras europeas siempre se dan la posibilidad de una despedida.
Nos gusta hacer un show despedida porque es como una necesidad de decir chau. Y cuando estamos allá empezamos a tener una ansiedad tremenda de tocar de vuelta acá, y empezamos a planear el show de la vuelta. Es como volver a casa y decir "acá estamos de vuelta". Uno se divierte mucho acá. Siempre está más bueno, después de la noche donde uno deja todo y termina desbarrancado, dormir en casa. Creo que esa es la parte que hace mejor los shows de Rosario, que uno está acá y que la gente es de acá. Termina todo en familia.


¿Qué se llevan ustedes a Europa de ese último show?
Generalmente el show despedida es como la última foto que te queda de lo que vos hiciste acá. Es un empujón y un bastón donde uno se apoya. Estás en un lugar donde sabes que las cosas funcionan mas o menos de una determinada manera, más allá de que cada show es toda una situación nueva. Cuando uno se va afuera, más allá de que ya hace unos cuantos años que vamos, siempre tenés esa incertidumbre. Festivales nuevos, ciudades nuevas, otros idiomas. Siempre tenés esa duda de qué pasara en el ida y vuelta. ¿Les pasará lo mismo que les pasa a otras personas cuando nosotros cantamos? ¿Nos van a devolver lo mismo que la gente de acá? Siempre te agarra esa duda. Acá es como que, más allá de la exigencia que sentís por ser acá justamente, liberás un poco esa parte. Tenés la exigencia de que de acá no te vas. Si en Alemania salió mal, ya está, no sos nadie. Acá tenés que salir a la calle al dia siguiente, te cruzan en el río y dicen "mirá este boludo, no sabés lo que hizo anoche". Entonces uno se cuida más, se empeña más.


Hay algo de lindo en viajar, que tiene que ver con la incentidumbre de no saber que va a pasar mañana.
Sobre todo en los shows, que no sabes donde vas a tocar, que no sabés adonde vas a llegar. Después el viaje tiene cierta rutina. A veces cuando pegamos la vuelta, los comentarios son "uhh, ahora tengo que volver a Rosario y volver a decidir". Viajando, yo sé que me levanto y tengo que viajar para tocar, o ir a probar el sonido para tocar. No hay otra opción. Yo toco todo el tiempo cuando me voy de gira. Es dormir, viajar, tocar. Dormir, viajar, tocar. Si un día no toco, buenísimo, me voy a caminar un rato. Mañana toco. ¿Que tenés que hacer? ¿Pagar impuestos? No. ¿Tenés que llamar a tu vieja? No. ¿Tenés que ir a comprar algo? No. Estás de gira tocando. Tu cabeza es eso. Cuando relajás, no tenés que hacer ningún otro trámite, relajás. Entonces cuando volvés a Rosario, aparece el pequeño peso que la cargás a las cosas, de que tenés que ir a pagar la cuota del club, y llamar a este. Es la otra rutina, y tenés que volver a arrancar. Pero no nos vamos a quejar.


Estaba pensando en el choque de lenguajes. Vos particularmente tenés un verso, una redacción muy rápida, con muchas palabras del lunfardo nuestro. ¿Vos te preguntás si se entenderá el mensaje? ¿O creés que el lenguaje de la música es universal y ya con el todo de la canción se logra la transmisión?
Me he hecho todas esas preguntas. Primero porque soy el que escribe, y uno tiene ese pequeño ego. Más allá de que uno no escribe para nadie, el ego te pide que alguien lo lea y vos mirás de reojo a ver su cara. Ni siquiera quiero el aplauso, quiero ver la cara que pone cuando lee lo que yo escribí. Cuando el público canta lo que yo escribí pensando en cualquier otra cosa, la emoción para mí es gigante. Ver que un montón de gente se preocupó en aprenderse la letra de algo que yo escribí, para mí eso es grandísimo. Cuando empecé a viajar me pasó eso de no saber si me van a entender, y me tranquilicé pensando que yo tengo momentos en que tengo ganas de escuchar Tom Waits, y para saber que dice Tom Waits tendría que ir a Google, traducir la letra y ver que dice. Y generalmente las letras traducidas no me gustan mucho. Sé mas o menos de qué hablan las letras de Waits, porque balbuceo un poco de inglés, pero no lo entiendo. Entonces empecé a tratar de imaginarme mis canciones si no entendería qué estoy diciendo, y me exigió un poco más la interpretación. Me dí cuenta que la interpretación es fundamental, porque el tipo que no entiende lo que estoy diciendo, tiene que entender qué es lo que yo estoy queriendo decir. Es un juego que me parece muy bonito. Me agarro de esa tranquilidad de haber escuchado a mucha gente que no le entendía nada de lo que estaban queriendo decir. Pero me agradaba que haya una voz diciéndome algo. De alguna manera la canción es una obra completa, entonces uno tiende a entender o a recibirla de la manera que más la necesite.


Agregando emociones al poema, para lograr una completa transmisión para que un austríaco pueda escucharte cantando canciones que vos escribiste en el Paraná.
A mí me gusta mucho jugar con el histrionismo, me gusta generar un movimiento con las palabras. Me tenía que hacer cargo de esa situación, y me podía soltar. Decididamente podía actuar todo lo que yo quisiera en las canciones. Y aparte, no le digan a nadie, pero el público europeo es bastante fácil. Les encanta seguir al artista, y eso te tranquiliza un poco. En un momento yo me agaché en un show, y cuando me dí vuelta estaba todo el público agachado y dije "ah bue, están al horno estos" jajaja.


Me imagino también que, con el paso del tiempo, van viendo una respuesta del público. Nos decías que con el paso de los años tocando en ciertos festivales, van avanzando en las grillas y tocando más tarde.
Tal cual, hay gente que nos vuelve a ver. Hay ciudades como Hamburgo, Berlín o Praga donde ya podemos producir shows nuestros. Chicos, en clubes, pero los podemos producir y tenemos un público. Se va armando, por suerte la gente va dando una respuesta. Y la gente repite. Si los engañamos, los engañamos bien jaja. Porque generalmente a las ciudades a las que volvemos, volvemos a vender la misma cantidad de discos, merchandising (mer chan di sing... entre el resfrío y la dislexia). Se genera siempre un poco más en los lugares a los que volvemos. A veces te gusta repetir porque sabés que ahí te aplaudieron, y vamos a buscar esos aplausos para engordar el ego un poco porque para el próximo lo voy a necesitar.


Si te dieran a elegir un lugar para tocar en todo el planeta Tierra. ¿Qué lugar eligirías?
El patio de mi casa. Cualquier lugar. Lo que a mi me ha sorprendido del mundo al viajar, son los paisajes. Después, el momento no lo generan los lugares, de ninguna manera. Lo genera la situación, el entorno, la canción, las vibras, las almas, los amores. El lugar no interesa en lo más mínimo, loco. Te lo puedo asegurar. No le da una cuota de nada. Sólo es cambiar el telón de atrás.


¿Y si te dieran a elegir tocar con algúnx músicx en particular? Podés revivir a alguien si querés
Para mí un sueño es tocar con Martín Tessa, con quien ya toqué durante mucho tiempo. Es un tipo con el que siempre espero volver a tocar. Tengo un feeling en el momento del toque. Después capaz comemos un asado y nos cagamos a puteadas. Pero en ese momento me gusta, me apasiona mucho, me pierdo porque me gusta mucho escucharlo tocar, lo disfruto mucho. Con orquestas no me pasa, sí me pasa con cantantes. Me hubiera gustado cantar con el Polaco Goyeneche. Si me preguntás con quien de cumbia, me gustaría tocar con los Palmeras, con Cacho. ¡Alto cantante, papá! Un tipo que tiene un timbre tan particular, tiene una cosa tan penetrante. Hay gente con la que me encantaría compartir un escenario por el goce que me genera lo que hace. Puede ser Tom Jones, pero me gusta mas escucharlo que la idea de cantar con él. Puede ser una cuestión de idioma, pero sólo se me ocurren personas de acá. Y se me ocurren decidores, más que cantores. Me hubiera gustado cantarme algo con Tita Merello. Hubiera hecho un gran esfuerzo por poder cantar media canción con Chavela Vargas. Cada vez que la escucho, como la única vez que tuve la oportunidad de ver a Chavela Vargas, soy un viejo pelotudo que llora tanto. Lila Downs es otra persona que me conmueve a ese punto. Pero Chavela es, o sea. Si yo hubiera podido en algun momento cantar en un bar sin que ella me viera, espalda con espalda aunque sea. Cantar una canción con ella, para mí hubiera sido sublime. Bueno, ahí tenés alguien. Sin dudas es Chavela.


Veo que tenés tatuada la tapa del último disco, No te prometo nada. ¿Es un dibujo tuyo?
Claro, pero en realidad empezo acá, después vino la tapa del disco. Es un dibujo del Lanas Corleone, un tatuador hermano de Fernando Vercelli, cantante de Scraps. Él vive en Copenhague y cada vez que voy para allá le cambio un tatuaje a cambio de nostalgia. Le llevo dulce de leche, alfajores, una camiseta de Central. Con la nostalgia lo tengo abrumado y lo re cago. Yo le dije la frase que quería, y qué queria que mostrara el dibujo. Yo ya sé para donde va él, entonces fue muy fácil. Después Don Yaquinto, que también lo conoce al Lanas me dice que siempre quiso dibujar algo a medias con él, y qué es la única oportunidad que tendría. Me dice "voy a hacer un dibujo para que parezca que vos te tatuaste la tapa del disco, y no que yo hice la tapa con el tatuaje". Y lo logró.


¿Sos una persona de buen beber?
Mas allá de la imagen que se vende, yo no tomo. Yo tomo mucho whisky en el momento en que toco. Me bajo del escenario y no tomo más. No me gusta tomar en otros momentos, no me lo proponen otros momentos. Por ahí un amigo me dice que tomemos un whisky, nos sentamos y nos tomamos media botella. Pero ocurre muy esporádicamente. Eso sí, me fascina tomar esa bebida arriba del escenario. Ya si me ven en la prueba de sonido con una petaca, es un problema. Yo le digo el sacachaveta, que encima tiene un sabor muy agradable. 


¿Alguno en especial?
Mirá, me gustan todos porque yo no soy de paladar, para nada. Soy fácil. El Grant es un whisky fácil. Me gusta el scotch, yo no soy del bourbon. No me hago el fino igual, he tomado hasta Añejo Doble V. Pero me gusta el scotch, el whisky rockero no es para mí. Me gusta el otro que es más caretón. Si tenés un Chivas, buenísimo. Mas allá de eso, no soy de andar arrastrándome por ahí. Soy muy fumón, por eso no bebo. 


Imagino que en las giras habrás probado muy buenos whiskies.
Si, muy ricos. Allá también, tomo cerveza, cosa que acá no tomo. Alguna que otra me tomo porque vas a un kiosco y tenés mil. Entonces vas todos los días a probar una distinta. Los otros se toman 15, pero yo que soy mas playito me tomo una cervecita, y con eso me alcanza. Es rico probar eso que acá no hay. Es otra bebida, no tiene nada que ver con la de acá. Y se toma a tempo. Nosotros en los camarines subimos todas las heladeras al palo. Y vienen los tipos a traerte más cerveza y te la bajan, como si fuera un error. Claro, viven con 20 grados bajo cero todo el tiempo, no quieren saber nada. Un amigo una vez me dijo "cómo será de fea esa bebida que si no está helada no la podés tomar".


Recuerdo que una vez delante del micrófono dijiste que cuando eras más pibe te fuiste a buscar el laburo de cantante a Buenos Aires, y terminaste laburando en una estación de servicio durante dos años. Me pareció un buen mensaje para despertar a otras personas que están en los mismos puestos de trabajo, que tienen sus utopías en otros lugares, y quedan atrapados por la comodidad. 
Es que la zona de confort no es tal. No es la zona de confort que a uno el reconforta, sino es la que a uno le venden. Y uno compra todo el tiempo. Yo me encontré laburando en una estación de servicio y, está bien, tenía dos hijos y de eso había que hacerse cargo. Pero había muchas cosas para hacer, y muchas cosas para replantearse y cambiar. Hubo un momento en que vino el encargado, con el que me llevaba muy bien, y me dice "che, hace dos años que laburás acá, y yo pensé que ibas a durar una semana". No fui más. Faltaban cuatro días para cobrar, y no fui más. Me agarró un ataque porque lo vi al encargado, un tipo pelado de cincuentipico de años, re buena onda, que te decia que arrancó como playero como nosotros, que te quería levantar el ánimo. Y yo pensaba "llego a terminar como a vos a los 50 y me pego un tiro en el tabique. Yo quiero hacer canciones". No digo que eso esté mal, pero no era lo que yo quería. Entonces huí y empecé a saltar de palo en palo hasta que un día, fui a cagar, me llevé una revista y leí algo que hablaba sobre el jefe de familia. Era un artículo muy cortito (yo cago rápido). Salí del baño y dije "renuncio a la jefatura de esta familia" y los pibes se me quedaron mirando con una cara. "Ya no soy más el jefe. Esto es una coopertiva. O tiramos todos o no tira nadie. No mando más." Un par de años después estábamos volviendo a Rosario, mucho más tranquilos. Enloquecí, me hinché los huevos, terminé tirando cosas por un balcón de un tercer piso. No hacer lo que a uno le gusta, es un riesgo para uno y para los demás. Sobre todo para los que están caminando por abajo. 


Vos no naciste en Rosario, pero siempre estás volviendo a Rosario.
Claro, yo me fui a Buenos Aires, al lugar en el que nací, a San Martín. Durante los 9, 10 años que viví en Buenos Aires, me decían el rosarino. Cuando volví a Rosario (creo que fue un 17 de octubre, dia de la lealtad), me junté con Fernando Vercelli, que estaba a pleno con Scraps y sonaba en ese momento tremendamente. Y Fernando me dice "tengo una canción que no puedo terminar, me ayudás?". Hacía como dos años que yo no escribía nada, estaba atrapado en cualquier lado. Nos sentamos esa tarde a beber y escribir, y la terminamos. Me invita a tocarla al dia siguiente en vivo, y allá fui. Termina ese fin de semana y me vuelvo a Buenos Aires. Yo estaba a punto de instalarme en una casa en frente a la cancha de Chacarita, por una movida recontra familiar. Mujer, hijos. Cuando llego me dicen "ya fui a hablar con el de la casa, ya está todo listo". Y le dije que nos volvemos a Rosario. No sabés la que se armó. Plantaron bandera y me dijeron que no. Les dije "bueno, yo me vuelvo a Rosario." El 15 de diciembre yo ya estaba viviendo acá. Así, de la nada. Salí corriendo.


Con el paso del tiempo la viste como una buena decisión. 
Sí, Rosario es una ciudad hermosa. En Rosario está todo lo que son los afectos. Llegué a Rosario a vivir a los 12 años. Estuve seis meses en Salta y Entre Ríos, que fue para que la familia se instalara y vea que compraba, y después me críe en Laprida y La Paz. Me exprimió la cabeza Rosario. Me fui odiando Rosario sin saber cómo lo amaba. Cuando volví dije "¿que hacía en Buenos Aires?". No hay nada que me identifique más que Rosario. Siento pertenencia. Es mi lugar, es donde están mis afectos, es donde me siento cómodo. Me gusta todo, hasta la mugre de Rosario, hasta las cosas feas. Creo que esto de viajar me da la razón en un montón de cosas. Cada vez que alguien me dice que la está pasando, yo le digo "¿porqué no te venis a Rosario?" Acá la pasamos bien. Mas plata, menos plata. Mas problemas, menos problemas. Nosotros la pasamos bien. Buenos Aires tiene una soledad gigante. Supongo que los porteños la deben disfrutar muchísimo. Yo no le pude encontrar la vuelta.


Igualmente siempre, o en este último tiempo, viviendo del otro lado del río.
Siempre. Igual ahora estoy durmiendo más días en los inviernos de este lado. También me hinchó los huevos de la isla yo. Me hincho los huevos de todo. Tengo lugar en frente y tengo lugar acá. Me doy el gusto volverme si quiero a las 3 de la mañana acá. Yo tengo una casa en zona norte a tres cuadras del Arroyo Ludueña donde tengo mi bote flotando. Camino tres cuadras, me subo al bote y me voy al frente. Voy y vuelvo. Tardo menos tiempo en cruzar el río de casa a casa que en venir al centro.

 

 

Parlatanes sale al aire todos los martes y jueves de 20 a 22.

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