NOTAS  4 de septiembre de 2018

Mucha crema en la vuelta de la Groovin' Bohemia

Luego de ocho largos meses la Groovin' Bohemia volvió a los escenarios con un show bien cremoso en Mono, agotando entradas.

Y una noche volvió la Groovin'. Después de ocho meses de su despedida del 2017 en el Club 1518 en uno de los shows mas transpirados de su carrera, poniéndole el moño a un año que les trajo grandes alegrías, como la de un Ritual Groove con más de mil personas, o como la de cerrar el Psicotropía con el sol en la jeta para un público extasiado. Ocho meses pasaron de aquella despedida, ocho meses en los que sucedieron muchas cosas en sus vidas. Viajes, desapegos, reencuentros, introspección, historias, nuevas convivencias más cercanas.


El reencuentro con su público se hizo esperar, y la ansiedad era bastante. Así se sentía en la puerta de Mono, minutos antes de que lleguen los músicos para hacer lo suyo. Los esperamos afuera, porque sabíamos que luego íbamos a estar un buen rato adentro, rebotando y transpirando. Más de una persona se acercó a la puerta para conseguir entradas, pero llegó tarde. El show había sido anunciado con sólo unos días de anticipación, y sin embargo la Groovin' agotó entradas. Algo que ya sabíamos desde antes de entrar por esa puerta, era que el lugar, quedaba chico para la congregación de primates.


Llegó la banda y nos fuimos acomodando adentro. El lugar estaba colmado de gente. Adelante de todo, exponentes de la filosofía No Me Importa Nada cantaban canciones de cancha bien manija "Yo por la Groovin' dejo todo abandonado". Asi salió la Groovin al escenario, haciéndole honor a su impronta, y con mucho groove derritieron al instante a la gente que se puso a bailar, apretada, como podía, pero sin dejar de mover el culo. Cuando la gente ya estaba lista y caliente se empezaron a dar los primeros saltos. Había unas ganas de ver a estos pibes. Ya estaba todo bien caldeado, y eso que faltaba algo esencial. Alguien esencial. La salida instrumental fue exquisita, pero al final de ese primer tema, se asomó la cabecita del Nico Chiocca que luego de unas miradas cariñosas para con sus compañeros, se subió al escenario.


La ceremonia ya habia tenido su iniciación, y en el silencio entre tema y tema se escuchó un grito sacado de "Aguante la Groovin' vieja, no me importa nada!". Así como estaba todo encendido, al aparecer el primer pogo, explotó. Era todo pogo. Imposible esquivarle. Pogo que no duele, pogo agitador pero dulce, acaramelado, sin codazos ni nada de broncas, pero con muchos mimos en el pelo, sudor compartido. Al toque todxs nos acordamos como era un recital de los primates, y revivió ese fuego bien groovero entre nosotrxs. Comunión entre cada persona que ocupa la sala. Lxs que somos primates hace rato, lxs que se acercaron a curiosear por primera vez, el público, la banda. En ese buen rato que tocó la banda, todo lo que había bajo ese techo, era una sóla masa. Agitadora y cariñosa. Sensual y desacatada.


En uno de esos momentos en que bajamos unos niveles las pulsaciones y se empieza a armar la ronda para que luego estalle, todxs comenzamos a bajar, a arrodillarnos, casi a sentarnos. Era la calma antes de la tormenta. Y en ese momento fue cuando la energía femenina de lucha nos invadió, y colmó cada espacio que había entre el techo y el suelo, entre los cuerpos que se imantaban. El feminismo rugió al grito de "aborto legal en el hospital" de una primate, que se volvió el de cada persona, arriba y abajo del escenario. La ronda que parecía que estallaría con algún solo del Gwido, estalló con el grito y la ola verde se levantó para saltar y gritar, cantar y luchar. Uno de esos instantes en que el goce puro de ver a una banda que querías, deja de ser una desconexión de la cruda realidad que está allá afuera del bar, y se une a las convicciones políticas, a la lucha por transformar toda esta mierda del día a día. Alegra saber que compartimos un ambiente y generamos un espacio entre todxs, en el cual el placer y la lucha se hagan carne en una sola cosa. Nuestra generación es la del goce militante. Esto lo logró la marea verde del feminismo, que interpela cada espacio, cada ambiente, cada relación humana. Que se hace lugar en todas partes, hasta en el placer. Y eso es completamente revolucionario, compañerxs. En uno de los tantos hermosos encuentros, fundiciones en abrazos que me dí el gusto de tener esa noche, hablamos del amor con el que actuamos. Ese amor, es el que nos va a llevar a triunfar en nuestras luchas, y sobre todo, en la batalla cultural.


Fue así pasando un show muy esperado por el público. La masa uniforme feliz y prendida fuego, las personas individuales que se convierten en una corporalidad colectiva y un poco sudada, los abrazos refrescados a la salida del baño, los guiños entre la gente, los estallidos en pogos y la belleza de unos pasos bien dados. Cuerpos que se entrelazan, entre abrazos, besos, caricias y miradas, que comparten el ritmo a la hora de bailar y hasta el ritmo cardíaco. Varias voces se dieron el gusto de expresar lo mucho que estaban experimentando, lo cual generó la sonrisa de lxs que estábamos cerca. La alegría es difícil de disimular, como si fuéramos el perro que no puede evitar mover la cola cuando llega su humanx favoritx.


La Groovin' no se guardó nada, descargó todo su arsenal de música en nuestras caderas, y transformó una sala en una bola de energía creciente. Esta banda genera algo bastante particular en su público, que realmente es difícil de explicar. Pero mi trabajo acá es tratar de explicarlo. Y si tengo que poner palabras para que se entienda, creo que elijo describirlo como un placer compartido. Eso es la Groovin' Bohemia: un placer compartido. Entre músicxs y público, entre alma y cuerpo. Una banda que nos deja extasiadxs, que nos vuelve más cariñosxs, y que definitivamente nos vuelve un poco más sensuales.


Se despidió así la banda que teníamos muchas ganas de ver, dejándonos llenxs de crema. Carrión se hizo cargo de mantenernos bailando, tirando un hitazo atrás de otro hasta que las luces de Mono se encendieron. Lxs primates fueron satisfechxs por un rato, pero al darle ese alimento, sabés bien que lo va a volver a pedir. Y la oportunidad de esa ración acaramelada de groove no se va a hacer esperar tanto. A fines de octubre la luz de un Ritual Primavera que fusiona dos grandes fiestones de la Groovin' ya nos empieza a encandilar.


Vayan elongando para un nuevo encuentro, cargando sus botellas de agua, practicando pasos encerradxs en sus piezas escuchando funk, alimentando al primate que llevan dentro, porque volvió la Groovin' Bohemia y no se anda con giladas.

 

Texto: Gonzalo Luján
Fotos: Mariano Ferrari

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