Este 24 de marzo, Rosario, como todas las grandes ciudades del país marchó dándole un principio activo al Día de la Memoria.

El 24 de marzo en Argentina se conmemora el Día de la Memoria, en homenaje a las víctimas del terrorismo de Estado durante la última dictadura militar en nuestro país, desde 1976 hasta 1983. Miles de personas en las ciudades mas importantes del país se reúnen todos los 24 de marzo para marchar y darle un principio activo a la memoria. Es que la memoria no puede remitirse sólo a ser un recordatorio muerto del pasado. Conmemorar el Día de la Memoria no es simplemente recordar el terror vivido en aquellos años oscuros, sino que también significa que esa memoria funcione activamente en el presente, dando paso a un futuro más esperanzador.

 

Las juventudes demuestran el principio activo de esa memoria cuando se hacen presentes en las calles, como lo hicieron este último 24 de marzo lxs estudiantes secundarixs, haciendo el ruido que callaron los milicos a aquellxs estudiantes de los 70 que luchaban por un medio boleto estudiantil, por mejores condiciones educativas. Cada vez que un estudiante se rebela, cada vez que se forma un centro de estudiantes activo en una escuela, cada vez que estas juventudes se organizan, y tienen un paso con total presencia por las instituciones educativas, esa memoria se ilumina en el presente, por cada uno de esxs estudiantes a quienes se les privó la luz del día en un centro de detención clandestino. “Cuidado que están vivos todos los ideales de los desaparecidos” cantan lxs estudiantes, mientras se abrazan con la conciencia de que esos ideales se hacen presentes en sus mentes y en sus corporalidades, mientras saben que esa es la forma de mantener vivo a un estudiante desaparecido. Es en ese instante cuando los lápices siguen escribiendo, hoy sobre carteles que dicen “Nunca más”.

 

El principio activo de la memoria debe hacerse presente también en las urnas, comprendiendo cuales fueron las medidas que tomaron los gobiernos militares, fomentados por un plan político y económico proveniente de Washington. Es cuestión de dilucidar detrás de qué carteles de candidatxs se esconden esos planes políticos que huelen a Plan Cóndor. Los datos certeros nos ayudan a entenderlo: durante los años del terror la deuda externa se multiplicó por seis, cerraron más de 20.000 fábricas con ayuda de la apertura indiscriminada de importaciones, aumentó la pobreza en más de un 30%, además de estatizarse la deuda de más de 70 grandes empresas, como lo son Techint, Fiat, Ford y, casualmente entre muchas otras, las pertenecientes a la familia Macri. Ese monto de deuda estatizada fue de 22 mil millones de dólares, casi la mitad de la deuda que se generó durante la dictadura. No sólo fueron gobiernos militares, también fueron gobiernos neoliberales, pues tomaron medidas muy similares a las aplicadas en la década menemista, y en la actual gestión de Cambiemos. No sólo asesinaban y torturaban en centros de detención clandestina, también lo hacían con el hambre.

 

Para entender el porqué de estas medidas, se hace imprescindible entender el rol que cumplieron los Estados Unidos, no sólo en nuestra dictadura, sino en todas las dictaduras latinoamericanas que sucedieron contemporáneamente. El primer Estado en reconocer a Jorge Rafael Videla como legítimo presidente de nuestra nación fueron los Estados Unidos, quienes también se encargaron de intervenir, por ejemplo, en Chile, apoyando al golpe de Estado de Pinochet contra el gobierno socialista de Salvador Allende, primer gobierno socialista electo democráticamente en América Latina. Un dato no menor, es que en este 2019, Estados Unidos también fue el primer país en reconocer a Juan Guaidó como legítimo presidente venezolano, en otro intento de desestabilizar la democracia de la república bolivariana.

 

“Memoria, verdad y justicia” reclaman las pancartas todos los 24 de marzo, y así también lo ha hecho la columna de disidencias detrás de la bandera del orgullo. Activistas LGBT reclaman que todavía no se ha visibilizado la persecución a esta comunidad durante aquellos años del terror. Hubo alrededor de 400 desaparecidxs, presos por su sexualidad, a quienes no ponían en las mismas celdas que lxs presxs políticxs, sino junto a delincuentes normales, ladrones, asesinos y violadores. Jamás se explicó porque lxs torturaron, desaparecieron y asesinaron. Es por eso que hoy se levanta una nueva bandera con un número más claro: 30.400.

 

La memoria no es un museo. La memoria es una herramienta, es un arma de los pueblos, es fuego que no se apaga, que ilumina los rincones más oscuros de nuestra historia, de nuestra sociedad y de nuestro presente. Démosle el uso que realmente ofrece, y no sólo los 24 de marzo, sino cada día del año, haciendo valer verdaderamente nuestra democracia, sin permitir que esos asesinos vuelvan a hacerse presentes disfrazados de políticxs coacheadxs, afeitadxs, sonrientes. Hagamos que esa memoria arda e ilumine la realidad, cada vez que el Estado se encarga de desaparecernos en democracia con su arma, las fuerzas de seguridad, como bien lo han hecho con Luciano Arruga, con Franco Casco o con cientos de pibes más que nunca volvieron a sus casas. Démosle aire a esa memoria, pensando porqué Julio López no terminó nunca de declarar contra el torturador Etchecolatz, quien hoy goza de su impune libertad.

 

Hagamos de la memoria un refugio para todxs aquellxs que hoy no gozan de la democracia. Saquemos a la memoria de ese mausoleo del pasado, traigámosla al presente para que nos acompañe en nuestras luchas. El futuro nos lo va a agradecer.

 

 

Texto: Gonzalo Luján

Fotos: Marina Alonso

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