AnfiMUG: El Groove colectivo y organizado

El Movimiento Unión Groove organizó y celebró el AnfiMUG, con más de 30 músiques en escena y el anfiteatro lleno.

Una noche no tan caliente de febrero nos reunió a muchas personas en el Parque Urquiza. El Anfiteatro Municipal de Rosario volvía a ser sede de manifestación cultural local, volvía a ser espacio para que las bandas rosarinas hagan sonar sus instrumentos. Con la habilitación de shows protocolares en la meseta pandémica calmada, vimos desfilar muchas fechas de artistas de renombre nacional, pero poco y nada para les que gestan la cultura de nuestra ciudad.

Y llegó la hora de que le den esa posibilidad al Movimiento Unión Groove, uno de los más importantes colectivos de bandas de la ciudad. Ese que une a las bandas que más nos hacen mover las caderas, ese que toma al groove como factor de unión de muches artistas que tienen similitudes en la búsqueda musical, pero también las tienen en la forma de construir y en las problemáticas que les atraviesan. Le llegó la hora al MUG de organizar esta fecha, y la verdad es que fue a contrarreloj: tuvieron menos de 10 días para gestionarlo. Menos de 10 días para decidir quienes tocarían, ensayar, convocar, vender entradas y organizar todo lo que sucedería ahí. Y lo que podría haberse complicado muchísimo, salió más que bien. Para la tarde ya se habían agotado las anticipadas.

Ese era el contexto que nos reunía en el Parque Urquiza. La gente de a poco fue llegando al recinto a la luz de la las estrellas, y se fue acomodando en los asientos que le fueron asignados, en sus burbujas particulares de 2, 4 y 6 personas. Si la cosa se demoró un poco en comenzar, fue por la cantidad de gente que se hizo presente.

Tatiana Delacour, la Tati, fue la encargada de la conducción del evento, de comunicar las informaciones necesarias, de encender el escenario y, al mismo tiempo, mantener la calma de les presentes.

Y llegó el momento de que comience la música en vivo. El MUG se decidió por un infalible formato en el que más de 30 músiques de diversas bandas, y otres que no integran justamente ninguna, fueron interpretando canciones de las bandas del colectivo. Formaciones que iban cambiando canción a canción. Un formato jugado, que funciona así de bien al tener un público fiel que conoce las canciones, que conoce las bandas, y que lo disfruta a puro placer. Eso habla muy bien de la unión que hay entre les músiques del colectivo y de la ciudad en sí, y habla muy bien del público de Rosario, que con el paso del tiempo ha aprendido a valorar a sus artistas, y a disfrutar la riquísima crema que aquí se bate, que es bien autóctona de la vera de nuestro río, y que no se encuentra en cualquier lado.

Hubo oportunidad de que se interpreten esas canciones que nos moríamos de ganas de escuchar, en formatos completamente inéditos. Por ejemplo, Dame un Laik de Chokenbici, con su melodía hecha por vientos y a dos guitarras; Palabras de Caliope Family, cantada a tres voces, femeninas y masculinas; Paraná de Kunyaza en la voz de otras tres mujeres que no son justamente las que la gestaron. Y así, muchas joyas más, que a les fanátiques del MUG y sus bandas nos dejaron extasiades.

Muchas perlas locales más fueron sonando, como Ameba de la Groovin' Bohemia, Papu de Alto Guiso, Camino de Llamas de Río Chino, Menta de Cortito y Funky, Sr. Moscón de Latelonius, y otros increíbles temones de la China Roldán, de Lilu3 y Huracán. Una canción por banda.

Me pondría a nombrar une a une a todes les artistas que pasaron por el escenario, pero la lista es extensa, por no decir interminable. Prefiero no nombrar particularmente a ningune, para no olvidarme de nadie. Pero no quiero dejar de agradecerle por igual, inmensamente, a cada une de elles, que lo dieron todo, tanto en los días previos como arriba del escenario. También un agradecimiento especial a todas las personas que se encargaron de que todo suceda: quienes estuvieron en la barra, quienes se encargaron de la producción (pre, post y durante), a las personas de la técnica, en sonido, stage e iluminación. Cada une de todes eses seres fueron hacedores y hacedoras de nuestra felicidad, y lo vienen siendo de una forma militante hace ya varios años. La ciudad no sería la misma de no ser por todes elles. Gracias.

Pero la cosa no terminó ahí. Nada de eso. La frutilla del postre fue la que se anunció como banda sorpresa: les Budajipis. Pioneres de esta generación del funk de la ciudad, la banda más antigua del MUG, la que viene haciéndonos sudar la gota hace más tiempo. Acostumbrades a verles en pequeños recintos, casas o espacios culturales, verles en el tremendo escenario del Anfiteatro no fue cosa menor.

Nos dimos el delicioso gusto de escuchar varias canciones de su repertorio, con invitades deluxe, y repasando todos sus moods. Hubo un momento en el que el público no logró contenerse, y al mismo tiempo se levantó y se bailó todo en una canción. Ojo, con total respeto de sus burbujas y de mantener las distancias. Fue un tema, y ahí llegó la Tati para apagar el fuego y poner los puntos. El público entró en razón y se volvió a sentar. Hay algo en las hormonas que es imparable, y así y todo la gente está entendiendo la situación y está entendiendo lo que hay que hacer para cuidar esto hermoso que estamos volviendo a vivir. Esto hermoso que durante un año entero estuvimos anhelando y necesitando. Por eso la piel de gallina, por eso esa lágrima que más de une habrá derramado gozando, por eso la exhaltación tan entendible, y a su vez, tan respetuosa.

Les Budajipis se retiraron con otros de sus clásicos del funk local, y hubo oportunidad de reunir a todes les invitades para hacer sonar algo infaltable en sus repertorios: un tremendo cover sorpresa, que esta vez fue History Repeating, con la Negra Cerfoglio emulando la voz de Shirley Bassey, homenajeando nuestras raíces afro, que es de donde nace toda esta música maravilla que nos vuela la cabeza.

Y así se nos fue el AnfiMUG. Gestado en menos de diez días, logró reunir a más de 1300 personas, en un Anfiteatro estallado para lo que es esta época de shows pandémicos. Un goce colectivo hermoso, que es reflejo total del movimiento artístico rosarino, arriba, abajo y atrás del escenario.

El MUG lo volvió a hacer. Nos agitó la sangre, y nos llenó el alma. Volvió a demostrar que colectivizar la lucha y el arte hace que los resultados y las emociones se multipliquen. Y volvió a darnos eso que amamos recibir y que no encontramos en ninguna otra parte. Es amor, es colectivo, es arte, y necesita más lugar.

 

Texto: Gonzalo Luján

Fotos: Panchu Erijimovich

 

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