Domingo 28 de Junio de 2026

COBERTURAS

28 de junio de 2026

La idea y el fuego reclaman la rebelión

Knockout, Loquero y Eterna en Rosario

Está cayendo el sol sobre Rosario, es 20 de junio, día de la bandera. A lo lejos se ven los últimos rayos de destello que se desprenden frente a lo que se prevé será otra noche fría.

Temprano, en el monumento, el sol daba de lleno en casi toda la zona pero no calentaba absolutamente nada. Arribaba el presidente de la Nación junto a sus cómplices a balbucear palabras inconclusas, a gesticular preocupantes movimientos mientras una pequeña, muy pequeña masa de gente lo aplaudía. Dueños de medios, el gobernador y el intendente, entre otros, frecuentan el mismo espacio, la misma escena, en la ciudad que ellos autoproclaman cultural y que al igual que el discurso del presidente cada vez se cae más a pique frente a la realidad.

Cargamos el tanque de nafta y nos dirigimos a la zona norte de la ciudad, más precisamente a Refi, lugar donde esta noche se reunirán dos de las más significativas bandas de la escena punk del país. Estoy hablando de los marplatenses de Loquero junto a los quilmeños de Eterna Inocencia. A este convide de canciones rápidas, no tan rápidas, desesperadas, sensibles, frenéticas, se les unen los locales de Knockout para abrir la velada. Con ese hardcore noventero, neoyorquino, que la ciudad parece estar olvidando o que quizás no abundan en cantidad las bandas que alguna vez existieron.
Arribamos al lugar y ya divisamos mucha gente en la puerta, gente que no conocíamos, algunos que cruzamos con frecuencia y otros que no veíamos hace mucho tiempo pero que es grato volver a ver.
La banda que lidera Orsi lleva un recorrido histórico en la escena rosarina, desconozco exactamente la cantidad de años que vienen tocando pero se me vienen a la cabeza fechas en los galpones o en el extinto Sótano en el centro de la ciudad. Si bien tuvieron impasses, a la hora de subir a tocar están intactos, con un sonido potente que recuerda a bandas como Madball o Agnostic Front, siguen dejando de cara a quienes los vean en vivo.
Pasadas las 21:30 entre idas y venidas a la puerta de entrada con el fin de fumar, tomar aire y quizás encontrar a algún conocido, notamos que la gente empieza a agruparse en el ingreso, parece que se escucha la voz de Chary y algunos acordes al aire. Efectivamente arrancó Loquero. Mi compañera va por unas cervezas, la fila es larga, me dice que vaya que después me alcanza. Cruzo la puerta que separa el patio del recital.
Chary se sorprende de la euforia que hay esta noche, tocan algunas canciones del último disco y otras de discos anteriores las van mechando en el medio. Hay gente emocionada con canciones que son rápidas y cortas, gente que tiembla en el pogo, otros gritan y saltan con mucho frenesí, todos saben las letras, todos las cantan al unísono, el lugar está explotado de gente.
Pasan clásicos de la banda como “Chocolate, Punkie, Rusita, La Misión”, me quedo en este último y asocio automáticamente un verso que reza: “Siempre estarás mirando el barco en vez del mar” me lleva directo, sin escala, a las pocas personas que temprano se agruparon a escuchar a Milei y lo aplauden en medio de un país que está cada vez más prendido fuego; la demagogia, el cinismo y las formas avasallantes no estarían dejando ver el problema real, no estarían dejando ver el mar.
Loquero en cierto punto es eso, entre tema y tema que van muy rápidos hay un momento que quedas tildado con alguna frase o con alguna referencia pasada, sumado a las guitarras filosas, los fuertes golpes de parche y la forma desesperada de escribir y cantar que tiene Chary hacen que la banda en vivo sea un cocktail explosivo perfecto. Llega el final y suena el clásico “Ghost in the FORA” y me acordé que fue el tema por el que empecé a escucharlos, tenían un video, hoy casi olvidado, donde aparecía Osvaldo Bayer en el viejo local de la FORA en Buenos Aires dialogando junto a otros anarcos.

La banda cierra con una de las mejores letras que tienen, creo yo, en su haber: “Youngs”, es prácticamente una oda al pesimismo, al malestar, a la desdicha, al nihilismo, pero que al mismo tiempo, en los mismos versos, cede una cuota de esperanza en este mundo tan individual y oscuro. Particularmente cada vez que los voy a ver es una de las que más espero.
El show termina. Chary y Yamandú, que es quien está a cargo de la guitarra, se quedan en el escenario y tocan los dos una versión de “A nadie” de Flema. Algunos la cantan, otros miran atentos. Concluido el cover la gente empieza a retirarse.
Todos en multitud, a paso lento, nos dirigimos a la puerta. Pienso que el constante cambio de clima me va a hacer mal. Me abrigo el cuello, me prendo otro cigarrillo, converso con mi compañera cuestiones del recital, salimos extasiados de acordes, pienso en canciones de Loquero y las emociones se me mezclan con las canciones de Eterna Inocencia.

Volvimos a ingresar y mirando la feria de cada banda nos percatamos que arrancó el show de Eterna.

“Me pregunto si tal vez ellos han pensado hoy en mis brazos ya cansados de entregarles plusvalor…”

El crudo “pesimismo” angustiante que dejó la última canción de Loquero parecía que continuaba con el primer tema de Eterna. “Cuando pasan las madrugadas” que forma parte del disco “A los que se han apagado” Disco del año 2001 que, como muchos, es demasiado actual.

La banda trajo a Rosario un show completamente distinto al último que habían traído a la ciudad. Mucho más eufórico, y con canciones más rápidas.

Guille, frontman de la banda, hace hincapié en que ese mismo día había estado Milei en la ciudad con todo su circo decadente. La gente se agita más y más. Tocan “La risa de los necios” que nombra a Dario Santillan y Maxi Kosteki, dos militantes asesinados en la masacre de Avellaneda en las represiones del año 2002. Tema tras tema el público asiente enérgicamente. Hacía mucho que Eterna no venía a la ciudad con esta fuerza. Tuve otro viaje sin escalas a mis primeros recitales de la banda en Rosario, más precisamente al Sótano, la valla fría, todos trepados, amontonados, tironeando el micrófono intentando cantar, el lugar húmedo. Acá todo es más grande, suenan mucho mejor, la banda ya tiene muchos años más encima y se nota mucho más consagrada. Vienen de tocar por Centroamérica con un guitarrista nuevo que hace acordes, punteos, coros, todo. Mi compañera me mira, quizás por que en algunos temas tiemblo, quizás le doy vergüenza ajena, no lo sé.

Aparecen temas que no suelen tocar seguido como “Resistencia” o “América”, que rememoran épocas más hardcore y de protesta del grupo.

Para el cierre se confirman las predicciones de “Le pertenezco a sus ojos” y el clásico “Nuestras fronteras”.

Transpirados, a paso firme, contentos con lo que acabamos de presenciar, nos abrigamos y nos retiramos hacia la salida del lugar.

En contraposición a lo visto por la mañana en el monumento a la bandera en un acto vallado, frío, sectorizado por miedo y seguridad, fuimos testigos de un lugar cálido repleto de gente que acudió por ideas y sentimientos en común, sin conveniencia de por medio ni actos vacíos en pos de migajas de poder. Mientras existan leyes que prohiban, lugares que cierren, políticas que empobrezcan, van a seguir resurgiendo la comunión, la rebelión y seguramente, o eso espero, el punk rock.

Escribe: Ramiro Roca

Fotografias: Gaby Terrera

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