Cuando el pueblo te enseña...

Ni una menos, en Rosario.
Cuando el pueblo te enseña...

El día de ayer, celebrando el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, Rosario se movilizó nuevamente hacia el Monumento al grito de Ni una Menos y pidiendo acciones políticas contra el femicidio. <br />
 Chiara Páez, en sus jóvenes 14 años de vida, no se imaginaba que su nombre sería la gota que rebalsara el vaso. Que esa bronca por su muerte su sume a la bronca que se venía juntando por esta pandemia que en nuestro país se llevó a 225 mujeres el año pasado y, en lo que va de este año, ya lamentamos otras 233 mujeres asesinadas. Estoy hablando de la pandemia del femicidio. <br />
   El histórico 4 de junio pasado todos nos sumamos, hombres y mujeres, al grito de "Ni una menos", una multitudinaria marcha que se realizó en diferentes puntos del país y al que se sumaron distintos sectores de la sociedad; partidos, agrupaciones políticas, ONGS, asambleas, personalidades, etc..y que nos dejó, tal vez como lección, que al patriarcado solamente podemos combatirlo si tomamos conciencia de que todos, en alguna medida, hemos contribuido o contribuimos a que estas cosas sucedan. Además, se exigió y se sigue exigiendo  la declaración de emergencia nacional y políticas públicas contra el femicidio y toda forma de violencia contra la mujer y la legalización del aborto. <br />
En el día de ayer, que además se conmemoró el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, se volvió a las calles con las mismas banderas, pero esta vez con más nombres que se sumaron a la lista de familias que exigen justicia. Es que, aún después de la manifestación histórica, continúan produciéndose casos de violencia de género como el de Verónica Hernández, la joven encontrada muerta en el Río Paraná. <br />
   La concentración en la plaza Montenegro se había estipulado a las 17. Aproximadamente a las 18:45, cuando todas las agrupaciones, organizaciones y demás personas ocupamos completamente la plaza y la calle que tiene enfrente (en calle San Luis, entre Sarmiento y San Martín), comenzamos la procesión que desembocaría en en Monumento a la Bandera. En el trayecto era imposible no conmoverse con los cantos de esas mujeres pidiendo igualdad; con esas intervenciones andantes (mujeres que se pintaron frases en sus torsos desnudos o disfraces que connotan la violencia de género) que nos interpelan. Era imposible no conmoverse cuando me dí cuenta cabalmente de que las enseñanzas más importantes y profundas, pero a la vez tan claras, te las dá el pueblo. Es él el que dijo basta al atropello a la vida.   <br />
Una vez que comenzábamos a entrar al Monumento desde la parte trasera (desde la parte del puente) me percaté que la concentración se haría en el interior del Monumento, y no como la última vez que se inundó de personas en la parte delantera. Al llegar, me senté a esperar, junto con mis acompañantes, a que el resto de la caravana llegue, y a prestar atención a los comunicados que realizaban desde el escenario que habían montado en la parte en que las escalinatas del Monumento desembocan y se puede ver, en el centro, una escultura verde. Allí, a cada pedido de justicia lo acompañó un efusivo aplauso, para marcar fuertemente que las víctimas están presentes y nunca se olvidarán. En este caso no solo eran víctimas de la violencia de género, también se sumaron a este pedido a víctimas de otras violencias, como  la de Gerardo "Pichón" Escobar.<br />
Unas niñas cantaron canciones con sus guitarras; una de ellas reversionó "In Your Head" de The Cranberries, cuyo estribillo decía  "Maria José" que, fonéticamente,  coincidía con el "In your Head" y contaba la historia de una mujer y la violencia de género. La atracción hacia el escenario aumentó considerablemente cuando se presentaron en el escenario la murga "Modestia Aparte", en cuya formación solamente hay mujeres y que tratan problemas de género en sus canciones. Debo reconocer que nos dieron una lección sobre eliminar los prejuicios y las ataduras que hay en las mujeres y también en los hombres, que muchas veces también nos vemos  afectados por la lógica del machismo. Todo esto a  través de una forma muy graciosa y divertida. <br />
   Me encontraba en un viaje interior de las cientos de veces en que fui un estúpido machista mientras veía esa murga, hasta que me volteé de espaldas porque en el medio del gentío dos perros grandes se comenzaron a pelear y nadie podía pararlos. La dueña del perro más bonito terminó en el piso en medio de esa feroz contienda pero, por suerte, dos pibes tomaron al perro callejero y pudieron separarlos.<br />
   Cuando volví a la murga, una de las murgueras que estaba actuando dijo algo que me quedó grabado: "Fijate qué estás haciendo para que esto no vuelva a suceder"<br />
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Agustín Barcos.

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