También pudo haber sido una carta de amor

Un viaje a Porto Alegre. Una visita a un museo en un coherente calor de verano. Una habitación vacía. ¿Acaso los objetos esperan? Por Irene Mogliani - Foto: Lucía Beccacece

Treinta radios convergen en el centro de una rueda,

pero es su vacío

lo que hace útil al carro

Tao Te King

Pudimos no haber ido, quedaba a trasmano. Nosotras estábamos en Cidade Baixa y para llegar teníamos que tomar un colectivo. Hacía calor, la temperatura coincidía con la fecha y el lugar: enero en Porto Alegre. Seguramente no estábamos lejos de alguna playa. Pudimos no haber ido tranquilamente, el día anterior habíamos estado en el MARGS, Museo de Arte de Río Grande do Sul.

Sin embargo, ahí estábamos. Frente a un edificio que ya en el plano se veía singular y desde ahí mismo imponente. Y blanco. Ver su fachada junto con las barrancas y el paisaje valía el trayecto. Pudimos no haber cruzado la avenida y tomar unos mates mirando el río Guaíba.

Como el resto de lo que estaba afuera, nos reflejamos en el ventanal del museo de la Fundación Iberê Camargo. Unos segundos después, adentro, el recepcionista nos dirigió una mirada sin dejar de hablar por teléfono. Esperamos. Tras recibir sus indicaciones, subimos hasta el último piso por el ascensor, el recorrido sería de arriba hacia abajo. Primero, la muestra temporaria: la exposición ZERO. Después, la muestra estable: una selección de obras del artista gaúcho Iberê Camargo.

El Grupo ZERO surgió en Alemania en los años ’50, buscaban captar el momento cero del arte, la hora cero de la creación. El vacío, el silencio, la luz. Erramos sin margen entre series de espejos, líneas envasadas, meteoritos esculturales, tubos luminosos, lienzos rasgados y la leve sensación de que algo más nos esperaba.

¿Acaso los objetos esperan?  

Un cuadro azul. 

Ese cuadro azul había sido pintado por Yves Klein. Quien, en la inauguración de una exposición colectiva en 1959, presentó su obra que consistía en una habitación vacía con las siguientes palabras: “Primero es la nada, luego hay una nada profunda y finalmente una profundidad azul”.

A la vuelta tomamos otro colectivo y conversamos.

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