Robots en pijamas, ninjas del ritmo y un ejército de insaciables adoradores del Groove.

Con el cansancio de una semana entera en la espalda, J. revisa el cargador y se asegura de tener suficiente munición. Sale a la calle a encontrar su cumpa, que lo espera con una sonrisa y dos latitas. Así pasean; entrando en calor el estómago y deteniéndose donde una pinta los llame, hasta llegar a la puerta de La Sala.

Allí se demoran unos minutos en la fila y entran justo para ver subir a unos payasos metálicos, salidos de un sueño de Fernand Léger y puestos en un escenario de la Narcociudad argentina. Con la primer nota se eriza su corazón, se caen de sus hombros el sueño, el cansancio y la paja. Él se abre paso hacia adelante mientras su amigo desvía por una cerveza; o el baño, no lo escuchó. Desde adelante todo es más intenso. Se puede ver en detalle todo lo plateado de los cuerpos, las luces que se reflejan y los detalles de cómo tocan. La armonía que arman entre los 4 integrantes es una sinergia de los detalles que cada uno aporta. Como los 10” que se toma Nicolás para hacer una única nota con su slide en Pensando, o los contratiempos que no permiten a los novatos saber cuándo aplaudir.

En un abrir y cerrar de ojos, comienza una tonada triste y vieja con la cual descuelgan sus instrumentos y se retiran con un enorme aplauso de todos. Nos dejan acompañados de unos risibles temas de pop que con los minutos avanzan hacia un funk rabioso, anticipando la subida de los leones, de quienes ya se escuchan rugidos tras el telón. Ya el humo, las luces y la gente conviven a la espera de deshacer su cuerpo en movimiento.

Pasadas las 2 toma el escenario la Groovin Bohemia, que con unos movimientos extraños y un salto felino del tecladista llegan a tiempo a poner a punto la salida del saxo. Arrancó la máquina del movimiento perpetuo y todos acompañan esa vibra con cada célula de su ser. Entre los bailes abajo y arriba del escenario se transforma todo alrededor de J. Así encuentra caras familiares y desconocidas por conocer, ve alejarse a los fantasmas con su risa y el potente Groove que suena. Algunos suben a los hombros de sus amigos, se arman y desarman enormes rondas para poguear; nunca se frena. Intervienen el escenario un didgeridoo y una mujer que muta de la carne al elástico. Levanta la voz y dice presente Caliope Family. Nunca se frena, sigue en perpetuo andar ese ritmo dentro de J. y sabe bien que no puede permitir que se detenga.

 

Pablo

Fotos: Mariano Ferrari

Escuchalos acá:

Groovin Bohemiahttps://soundcloud.com/roovinohemia

Sig Raggahttps://www.deezer.com/es/artist/616810?autoplay=true

 

Compartir

Comentarios

Aun no hay comentarios, sé el primero en escribir uno!

Escribir un comentario »