El sábado 6 y el domingo 7 de julio, un festival de satélites, audios, invierno, acordes y asteroides, rotaron alrededor de La Sala de las Artes.

Acontecido el eclipse solar, uno de los fenómenos astrológicos más particulares de aquellos cuerpos celestes y estrellas que gravitan en la galaxia, satélites y personas se invocaron a éste gran festival audiovisual que vivió la ciudad de Rosario.

El escenario de la Sala de las Artes era otro, las visuales que acompañaron los dos días a los diferentes shows cambio por completo el panorama. Los colores se mezclaban con las canciones, las texturas le daban imagen a las melodías y todo tenía más color. El tablado parecía más profundo por la disposición de las pantallas que teñian los instrumentos, chorreaba el jugo de un concepto logrado.  

Dani Perez, sus camisas y sus funky rulos, warm up de la noche. Prepara los elementos para comenzar a cocinar en fuego lento el cayote, fuego corona dicen las memorias originarias para una dulce mermelada de canciones que irán uniendo las partes de esta masa de hojaldre, estos lenguajes y lenguas.

Toma el pico y rompe el iceberg, Camperas: La banda encargada de representar al indie local fue la que tuvo el gusto de romper el listón inaugural del Festival Satélite. Formados en 2015 han sabido hallarse en la canción, buscando su propio sonido y encontrándolo. El tiempo los fue posicionando en la ciudad y en más de un reproductor, y tener la posibilidad de verlos abriendo el festival, fue un gusto que se pudieron dar aquelles tempraneres que gustan de poder apreciar en festival completo.


Naomi Preizler: este proyecto rompió completamente esquemas, como una jugada de ajedrez que no está en los libros, un hallazgo para vuestro oídos, una ruptura que no busca sutura. Un cocktail con sorbos de reggaeton, punk, rock, hip hop, un trago caliente de esos que te das cuenta que pegan apenas los probas. “Nunca me quedare con las dudas”, no lo sé, pero el público no quedo con ninguna de ellas, quedo tode exhibido en un corta pero imponente y contundente presentación. El baterista tirando unas bases increíbles, la bajista saltando por los aires, la guitarra quemando el amplificador, la corista rompiendo toda lógica y Naomi desparramando lava como un volcán en erupción. Gonzalo Aloras aporto su experiencia para la interpretación de un tema en conjunto, bien punk rock.

 

Caliope Family pisando el área, saliendo a jugar para llevarse los tres puntos a casa. No dudaron en su esquema de juego, se presentaron con los tapones de acero. Un mezcal bien mezclado canciones nuevas y algunas de anteaño. Cada vez se comprende más este equipo. Es hermoso verlos jugar con Rhythms & Rhymes, estimulación constante a los oídos, las palabras de Brapis pegan en el ombligo. Ocho canciones, ocho momentos, ocho situaciones, conectadas entre ella por el imperioso afán de estirar la merengada, mientras escuchas la música.

Iba cayendo gente al baile, la pista de a poco se ocupaba, les presentes se animan a más, cerveza fría, espuma encima, la noche estaba en situación y recién pasábamos las veintidós.
 

Gauchito Club esencia trasandina y postmodernidad. Aterrizando sus aves por primera vez en la ciudad, provenientes la tierra del sol y el vino, trayendo calor y color  mendocino. Parte de la gran familia musical que logrando entrelazar la escena de Mendoza, nuevos sonidos emergen de la cordillera. Hip hop fusión de Cuyo. Cuando trasandinos tocan es como estar cerca de las montañas. Las rimas bajan con el viento zonda con un aire a esencia de Ilya Kuryaki que ha dejado imprenta una modulación en el parafraseo que tiñó a una nueva generación.  

Mucho glittler por todos lados, labios pintados, encaje, pilotines vintage y cueros.

Kunyaza: el soul vuelve a su cuerpo. Luego de una picante gira por México, las “Partes del fuego”  se reencuentran para estimular en La Sala de las Artes la maravillosa barrileteada existencial. Fue bello verlos bronceades y felices, mucho público esperaba nuevamente por
sus canciones en vivo, las cuales tienen un impacto corporal mayor. La noche se calentaba, tomaba temperatura, la llama crecía con fragancia femenina. Kunyaza tiene poder, coherencia musical y sanación.

Los bloques de esta construcción eran unidos por un gran mezclador como lo es Dani Perez. De a poco tirando datita más fina, permitiendo el trip con los golpes consecutivos del beat.

Padawan: amarrando sus arcas en puerto rosarino por primera vez, trayendo consigo su primer álbum  "2mildiezy8". La escena musical cambia de manera caleidoscópica, nuevas voces toman los micrófonos. Apenas mayores de edad, toman parte de la escena del Trap en Mendoza. No se limitan a identificar su música en una sola categoría.  Aunque para el momento de la noche, le falto un poco de power.

Festival Satelite, todes orbitando como asteroides alrededor del lugar, lunas y soles, cuerpos celestes, algunos planetas se encontraban y chocaban. Surgen montañas y fluyen los mares.

Pasada la medianoche, punto de inflexión en la doble jornada musical.

Lo Pibitos: uno de los mementos esperados del festival, aunque habían tocado días atrás en el mismo lugar, presentando su tercer material de estudio “En Espiral”, despidiendo su ahora antiguo long play “a punto caramelo” que los impulso al circuito nacional y los oídos de más allá.  
Un show sintético repasando los clásicos y pinchando algo de lo nuevo, la banda instrumentalmente suena impecable. Interpretaron “La rubia tarada”  de Sumo, lo que causo empatía en algunes y desconcierto en otres. Diferentes miradas al respecto de este cover jugado, invocando al pelado Prodan.

Perras on the Beach: que locura hermosa cargan estos seres. Fue un gran momento para la situación que se vivía en la sala. “Maldita municipalidad / no me dejan estar / re loque en una fiesta”, en el ambiente se respiraba algo de eso. Psicodelicia como la cereza de todo un postre, las visuales le daban colores a los recorridos emocionales que interpretaban les musiques. Energía juvenil, de esa que hace temblar las estructuras de una construcción, buscando, considero, al fin y al cabo, tirar todo abajo y volverlo a moldearlo acorde a nuestros sueños.

No había guante que pudiese agarrar esta caldera hirviente, las partículas de agua como burbujas inquietas, rompían hervor constantemente, la máquina de pochoclos desparramaba palomitas de maíz por toda la pista. Arde papi.

Último tramo del recorrido, última parada de este viaje, se tiran hacia tras los micrófonos y se conecta la consola de Mariano (aka deep Mariano). La columna de amplificadores comienza a despedir graves al centro de la pista, la columna de les sobrevivientes se quiebra de lado a lado. La masa se pone pegajosa, se estira y se contrae. Una data de calibre internacional, es un placer escucharlo tocar. Dancing acroos the floor. Un touch cream de electrónica para esta noche de goce. Nos quedamos supermanijas, una hora fue poco tiempo para quemar las municiones.

Aprontadas las cinco am, se da cierre al día uno de este Festival Satélite. Mandando a la gurisada a sus casas, a recobrar energías, desmenuzar lo vivido y prepararse para el día dos.

 

Texto: Juan Cruz Plano

Fotos: Baltazar Lamas

 

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