“Marihuana para algunos”, planteó la Gobernadora de la provincia de buenos aires, María Eugenia Vidal, en una nota esta última semana.

Sobre la regulación del uso de cannabis mencionó que “la sociedad aún no está lista para dar el debate”, uno de esos discursos berretas, como dice Mauricio Macri. Típicos de la derecha. Pero igualmente, dijo que entiende que “algunos sectores de clase media tengan la libertad de decidir si fumarse un porro o no” y mantener controlado su consumo. No así las personas de los barrios más humildes, donde “el mensaje tiene que ser uno solo”. Y ahí soltó la frase que más escuché durante toda mi adolescencia, cuando mi vieja supo que había empezado a fumar: “La Marihuana es la puerta de entrada a las drogas más duras.”

La puerta de entrada a las drogas duras, Señora Vidal, es la desidia y la crueldad de las políticas marginadoras que ustedes y todos los gobiernos con su mismo ADN empresario y saqueador, han aplicado. Ustedes, que queman droga e invitan a la ciudadanía a participar de ello. Para que encima algún periodista fumón vaya a hacerle burlas a la Ministra de Seguridad, durante esa bochornosa demostración de lo que son.

Pasando en limpio lo que dijo la gobernadora, es verdad que hay sectores de la población que por su situación socio-economica acomodada, pueden fumarse uno y mantener un consumo controlado. Además de la posibilidad en muchos casos de no tener que consumir algún paraguayo medio podri.

El discurso de Vidal es muy correcto, no tiene fisuras. O más bien no las tendría, si ese discurso fuera coherente con lo que hace Cambiemos. Si bien en materia de drogas ningún gobierno hizo mucho más que el actual, y hay que decirlo. Porque sino parece que cuando asuma algún gobierno más popular que el PRO, la “guerra contra el narcotráfico” va a terminar. Difícilmente va a terminar si no encaramos y asumimos un paradigma diferente al actual.

En los barrios populares la droga es sin dudas asesina. Pero no es únicamente por  el consumo. Y cuando es por el consumo, significa que hay un estado que nunca está presente y que se mete en los barrios únicamente para mandar presos a un montón de pibes o para dejar alguna bala perdida por ahí. “De esas que siempre se les pierden en los barrios más humildes”, como denuncia siempre La Garganta Poderosa.

Un estado que no ofrece trabajo, que no ofrece escolaridad, que no ofrece vivienda digna, que no ofrece un carajo. Un estado que convirtió a las escuelas en comedores y a los clubes de fútbol, en refugios.

Y cuando la droga no es opresora por el consumo en sí mismo, lo es a través del multimillonario negocio que representa estando en las condiciones actuales: prohibida, completamente desregulada y en la ilegalidad. Al que se le destinan presupuestos insólitos para continuar la serie de “La guerra contra las drogas”, que ya tiene demasiadas temporadas. El comercio de sustancias prohibidas no paga impuestos, pero sí vidas humanas.

Ahora, ¿que pasaria si el Estado cumpliera su función de Estado y asistiera a los sectores que mencionábamos recién? ¿Sería viable una regulación eficiente del cannabis? O hasta en sus propios términos de mercado: ¿sería rentable? Si la Argentina produjera Cannabis, podría generar más de mil millones de dólares, según el “informe regional sobre cannabis en Latinoamérica” elaborado por la consultora New Frontier Data. Es viable y es rentable.

Dependerá del tipo de Estado que encare esta tarea. Porque no caben dudas que ante una regulación mundial inminente, la avanzada neoliberalista, manifestada en las expresiones de gobierno como Cambiemos, o cualquier otra de la región, empezarán a ver en la planta uno de los agronegocios más importantes que ofrece el siglo XXI.

Si es el caso contrario, y contrario a lo que dice Vidal, que la Argentina no está preparada para dar el debate sobre todo esto, la regulación puede ser el camino indicado. Arrebatarles esta industria a los narcos intocables, esos a los que nunca quieren agarrar los gobiernos cómplices. Producirlo y redistribuir el obsceno presupuesto que se brinda para la seguridad. Y destinarlo al cultivo a gran escala, a la ciencia y tecnología para la investigación de la planta. Y a generar trabajo alrededor de esta potencial empresa.

Al mismo tiempo generar campañas informativas y de concientización social. “Destabuizar” a la planta para irla corriendo progresivamente del injusto lugar en la que fue colocada por los intereses de las minorías de siempre.

Así que sí Gobernadora, es el momento para dar este debate. La sociedad está lista y lo necesita. Quienes parecen no estar listos o no querer hacerlo, son ustedes.

 

Texto: Juan Manavella

Compartir

Comentarios

Aun no hay comentarios, sé el primero en escribir uno!

Escribir un comentario »