La novena película de Tarantino que desembarca a los cines rosarinos es un homenaje original al cine que lo marcó.

Por Agustín Barcos.

Once upon a time in…” sin lugar a duda, un título que nos remite a dos extraordinarias películas del italiano Sergio Leone, exponente del western spaghetti: ellas son Once upon a time in America y Once upon a time in the west. La primera, para el que suscribe, está entre las más grandes películas de la historia del cine.

   Continuando con la premisa de contar una historia que sucede en un lugar determinado, Tarantino nos contextualiza en la Hollywood de los 70´. Allí, un actor de televisión llamado Rick Dalton (DiCaprio) busca renovar su carrera como actor de western televisivo en el cine, para que su talento no caiga en el olvido como cientos de series de televisión. Junto a su fiel asistente, y doble de riesgo (Brad Pitt), buscarán esa renovación, con un ambiente enrarecido por una lóbrega comunidad hippie que busca hacer estragos.

   Con más de dos horas y media de duración, y repleta de diálogos ingeniosos, la novena película de Tarantino seguramente deleitará a cientos de cinéfilos, que tienen un paladar especial por las producciones del hacedor de Pulp Fiction y Reservoir Dogs, pero posiblemente no tanto a los que solamente esperan una película de acción al estilo Kill Bill. Obviamente, la satírica violencia de su cine está presente; no sería Tarantino.

   La ambientación de un verano sentensoso con la moda hippie deambulando por las calles está excelente; como así también la presencia de personajes reales que en esa década marcaron una época, como Roman Polasnky, Bruce Lee y el asesino Charles Manson.

(Margot Robbie encarnado a Sharon Tate, la pareja de Roman Polansky quien fuera asesinada por seguidores de Manson)

   Pero qué mejor manera que homenajear al cine sino es justamente haciéndolo, por eso las metaficciones aquí presentes nos mostrarán los grandes dotes de cineasta de Tarantino y el ojo más entendido encontrará sus influencias. El hecho de haber elegido dos superestrellas de años anteriores y que hoy son leyendas, como es el caso de Brad Pitt y Leonardo DiCaprio, condimentan aún más esta historia, fundamentalmente por sus interpretaciones actorales. No así las licencias que se toma el director sobre los hechos reales (como también lo ha hecho en Bastardos sin gloria) y la larga duración del film. Nota: 3½/5 (Muy buena).

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