La banda platense llegó a La Sala de las Artes para despertar la emoción en las personas que se acercaron a respirar su música.

Recién pasaban las 22 horas en el barrio rosarino de Pichincha, y una larga cola se formaba en calle Suipacha, partiendo desde Güemes, ubicándose para entrar en La Sala de las Artes. Amigues se encontraban y se saludaban, compañeres llegaban juntes al lugar, miradas se cruzaban en la calle. Cerebros que llegaban al lugar llevados por sus cuerpos y su deseo motor de escuchar las canciones que le agradan a sus tímpanos y le revuelven el corazón.

Él Mató a un Policía Motorizado se presentaba en Rosario por primera vez en el año, tras aquella presentación de La Síntesis O’Konor en el Teatro Vorterix, y es por eso que La Sala estaba llena, planta baja y planta alta.

Se envuelve el escenario en humo y entre el silencio aparece la banda, como fantasmas de las tablas. Infundiéndonos desde las sombras en una alegría que no dan ganas de contener, hacen sonar para empezar La síntesis O’Konor, instrumental del disco homónimo, para encender al público y dejar en claro que los vientos de La Síntesis son los que siguen moviendo a la banda. Los coros de puro júbilo venían de abajo del escenario. Un saludo y La noche eterna. Esta noche es especial.

Sentimientos encontrados recorren el aire y dibujan nuestras caras. La sonrisa que dibujan las melodías felices y los mensajes de goce sensible, se transmuta cada tanto en una mirada perdida, un poco a la nada y un poco al escenario, de nostalgia y hasta tristeza, por frases que cortan la aorta como daga afilada. Canciones para el niño asustado y mojado por la lluvia que se esconde en el fondo oscuro de nuestro ser; canciones para el sentimiento ahogado que tenés que dejar salir para no palidecer; canciones para el estar vivo de tanto sentir, que entre dolores y dolores, cada tanto nos habla de la felicidad.

Recorren así algunas canciones de su discografía, y un punto alto de emoción llega con Nuevos discos. La voz de Santiago Motorizado como una sombra que te acaricia y tapa antes de irte a dormir. “Tiene la calma de recién salir de la pileta” dice mi compañera, y también me habla de cómo siente los nuevos pogos, sin dolor, sin golpearse, sólo disfrutando el cruce coreografiado de los cuerpos, haciendo una analogía con las nuevas formas de relacionarnos. La sensibilidad como palabra clave de la noche.

Y siguen cayendo algunas de las canciones más ansiadas por la gente, como Amigo piedra, El tesoro y Destrucción. Oscilando entre emociones de todos los colores, para dejarnos más de una vez con el corazón en la mano. Suenan algunas piezas más y, después de tocar El fuego que hemos construido, dejan el escenario, mientras el humo no se disipa y una interferencia colma nuestros oídos, haciéndonos saber que quedaba música por delante. Bastante.

El magnetismo los pone de vuelta en el escenario para ir despidiéndose de a poco con varias de esas canciones que nos quedaban pendientes escuchar, para rematarnos el sentir hasta el final. El ya clásico Más o menos bien que despierta pogos felices. Fuerza y puño al cielo con Ahora imagino cosas. Quiero enfrentarme a todo, no me importa. El final se acercaba y los corazones agitados no entienden como pasar por tantos lugares.

Abrazando lo épico, tocan dos canciones para salir a conquistar el mundo y despedirse. Mi próximo movimiento y Prenderte fuego. Algún día Jenny, todo lo que ves será nuestro, nena.

Espadas en alto, aventuras conquistadas, horizontes intrépidos de incertidumbres deliciosas. Él Mató a un Policía Motorizado, para poner en movimiento el sentimiento más interno con la música sensible.

 

Texto: Gonzalo Luján

Fotos: Sofía Coloccini

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