El disco estrenado el pasado 5 de noviembre es un viaje musical para dejar sonando durante todo el verano.

Ramiro Hernández conocido en la escena musical como Barfeye, el joven de 22 años oriundo de la zona sur de Rosario nos sigue sorprendiendo en inglés. A 3 años de “Black Beer” saca su cuarto disco “Ataraxia”.

El material fue grabado por Diego Savioli, producido por el mismo Ramiro, mezclado por Dani Pérez y masterizado por Tomas Crow. Cuenta, además, con la participación de Guido Castellotti,  Leonardo Piantino y Sofía Casadey.

El disco estrenado el pasado 5 de noviembre con 10 canciones (disponible en todas las plataformas), es un viaje musical que va hacia adelante y no se detiene. Como su propio autor expresa: "está pensado como una sola canción", me atrevo a decir que estamos ante una obra conceptual. 

Si la colgas-perdés!!  Barfeye se encarga de hacer que en esos momentos en que crees saber lo que va a venir, pasa algo inesperado. Por ejemplo, la aparición de un clave al mejor estilo Barroco (tema Ants). Esto de jugar con la expectativa del oyente (ojo!! spoiler alert) también aparece en el último tema "Loverboy" cuando un crecendo parece llevarnos a lo que va a ser la explosión del tema y de la nada aparece una retorcida línea de sintetizador dejándonos completamente descolocadxs, es como si te tiraras a la pileta a lo Charly y cuando estás en el aire te das cuenta que está vacía. 

Esta experiencia que arranca con un sonido lo-fi beat nos lleva a lugares que me recuerdan al último disco de los “Arctic Monkeys” o a la banda “The Last Shadow Puppets”, quizás por la presencia constante del piano o por las voces con bastante reverb y un poco filtradas. También nos chocamos con algo de rock de los 90s y 2000, con unos solos de guitarra súper filosos y un sonido de batería increíble. Con una gran variedad de recursos como la instrumentación, la mezcla de distintos estilos y algunos arreglos de postproducción.

Barfeye nos cuenta una historia bajo su estilo personal que transmite una especie de nostalgia veraniega en la que no entendés si estás feliz o triste.

Hacer que todo esto conviva en armonía dentro de la misma casa merece todo nuestro respeto y convierte a este en uno de los mejores discos de la producción local del 2019.

 

Reseña: Aguila Sabrina

 

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