DE LO BINARIO A LA DIVERSIDAD, UN CAMINO QUE NOS INVOLUCRA

Michelle Vargas Lobo, “La Miya”, como la apodan, tiene 38 años. Es militante desde hace una década en la comunidad Trevesti – Trans de Rosario, forma parte del centro cultural “La casa de las locas”, es asesora de la concejala Alejandra Gómez Sáenz y estudia en la UNR de enfermería.

Recién cortamos la videollamada. Y a mi muchas de sus frases me quedan dando vueltas en la cabeza.  
"Si yo tendría que volver a nacer, elegiría ser travestí otra vez, porque para mí es un orgullo" me dice para cerrar la nota. Hablamos tanto de todo. Miya, no tiene problemas en contar su historia. No le da vergüenza. No la oculta. No reniega del hambre, las drogas, el trabajo sexual. Miya tiene 38 años, se considera privilegiada porque superó la edad promedio de vida, por tener un trabajo estable y poder alquilar una casa. 
A mí que soy bastante curiosa por naturaleza, el mundo de lxs compañerxs travestis trans siempre me generó incertidumbre. 
¿Por qué cuando voy al super nunca están ellxs reponiendo mercadería o cobrándome en la caja? ¿Por qué nunca fui de unx médicx trans? ¿Por qué cuando voy a una tienda de ropa, del otro lado del mostrador no hay alguna amiga de miya atendiendo? ¿Por qué lxs travas más adultas no estudiaron en las universidades?¿Por qué los cuentos no hablan de ellas? ¿Por qué Disney las olvidó en sus películas? ¿Por qué se las aísla, se las esconde, margina, y excluye? ¿Por qué decir travesti es vergüenza, vulgaridad, prostitución, drogas y enfermedades? ¿Por qué el mundo travesti trans es distinto al tuyo y al mío? "A nosotras solo nos imaginan paradas en una esquina" me dice y tiene razón. 
Hoy pude responderme todas estas preguntas y generarme más. Por un rato y desde el relato, ingresé al día a día de lxs compañerxs. Imaginé por una hora y media, soportar la humillación, la persecución policial y social, la ausencia histórica del estado. Por una hora y media me sentí vulnerable. Sin derechos básicos. Con necesidades por todos lados. Con dolor. Con marcas en el cuerpo que muestran ese dolor. 
Miya me contó lo que la historia quiere tapar con cupos que son mentira, son metafóricos. Me dio una lección de lucha. De resistencia. De vida. Me dijo que las travas sobreviven. Y a mí eso me rompió al medio porque mientras la escuchaba confirmaba que todo eso que decía, era real. Que todos los días es un milagro seguir vivx siendo travesti en esta sociedad patriarcal y homofóbica. .
Miya dice que las chicas, sus compañeras, son super inteligentes, capaces de lograr lo que se propongan y a mí no me quedan dudas. Pero el problema no son las chicas, somos todxs nosotrxs y sobretodo es el estado entero carente de conciencia social. La ausencia de empatía. El desconocimiento y la falta de información. De las travestis y los trans nadie habla. No nos cuentan que las matan por odio. Que se llaman travesticidios. Y que llevamos más de 30 en lo que va del año. 
Miya me habló de la necesidad de encajar en los cuerpos que nos obligan a tener. La imagen de mujer que nos vendieron siempre, curvas perfectas y grandes. Depiladas, bien peinadas, en lo posible maquilladas y con un peso "acorde". Entonces tenemos que hablar de silicona de avión porque antes, hace pocos años atrás, la ley de identidad de género no existía. "La silicona de avión valía pocos pesos, una amiga te la inyectaba por mil pesos más y al rato las curvas aparecían." Pero esa silicona queda en el cuerpo. Sigue ahí dando vueltas. Se pudre. Produce infección. Mata. 
Los avances son chiquitos, pero están. De a poco se abren puertas y la comunidad avanza. Seguras. Decididas. Cansada de la opresión. De las carencias. Del silencio. De verse morir cada vez más jóvenes. Están juntas. En familia. 
Una parte del feminismo las abraza, otra parte las excluye. Una parte de la sociedad las integra otra parte las esquivan. La comunidad travesti trans de Rosario, reclama "la base de los derechos" para después seguir por todo lo demás. Y todo lo demás equivale a la cotidianidad, tu cotidianidad. 
Aprendí mucho. Detrás de cada palabra de Miya, saqué herramientas para defender la urgente necesidad de la igualdad. Me replantee mi lugar cómo ciudadana, me cuestioné cuanto hago cada día para erradicar tanto odio social. Rompamos los esquemas del sistema, por favor. Exijamos ley de educación sexual integral para que cada niñe sea quien quiera ser sin tanto sufrimiento de por medio. 
Basta de encasillar, discriminar y apartar.
Construir desde el amor, es posible, es necesario y es urgente. 

Texto: Ludmila Lopez
Fotografía: Gina Herrera

 

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