Una consagración del under rosarino, una reivindicación de la música tocada en vivo, gestada en pequeños habitáculos de la ciudad, en salas de ensayo y jam sessions, organizada y unida, puesta viva y fresca para la contemplación en manada, de ojos que todavía quieren sorprenderse y cuerpos en eterna búsqueda de satisfacción.

Frente al ancho, caudaloso, profundo y amarronado río Paraná, que todo lo arrastra y todo lo trae, se llevó adelante en el Galpón de la Música, el viernes 26 y sábado 27 de abril, la primer edición del #FestiMug, un festival de música, poesía y danza, gestionado por el nuevo “Movimiento Unión Groove” (mug).

La manija regresiva había terminado, ni la llovizna, ni una semana sin ver el sol, ni los vientos soplando fresco, podían detener a las panteras, a las aves de rapiña, bicicletas o la marcha a pie de la pipel. Ahí estábamos todes aquelles que sabíamos (algunes más, otres menos) que esto iba a ser parte histórica de la audiografia de nuestra ciudad.

Se adentraba la nochecita y con ella la primer intervención de Les Mugtantes, danza contemporánea acompañada de unas bases interpretadas aovivo, una mixtura bella,
una manera de romper algunas barreras que nos imponemos, poner el cuerpx en constante movimiento, cruzarse, tocarse, sentirse, amoldarse a otres. Un cuerpx integrado por muchos otrxs, calentando el piso para que la cosa no este tan fria y sea un poco más fácil tirar ese paso de baile que practicaste en la semana.

La Negra sobre el escenario, con el micrófono en mano como si fuese ya una extensión de su cuerpo, con su fuego despabilando a todes les barriletes que andaban volando, anunciando que esto había despegado y era el momento del jazz al caño.

Lilu Montedo Trio (Lilu3), virtuosismo y elegancia. Una máquina de tirar acordes y combinaciones, un trío sumamente consolidado luego de una ecléctica gira por el viejo continente. Una bomba de tiempo metronomo total, en “D’la Mer” su primer material se pueden reproducir cuatro canciones que te invitan a recorrer otros territorios musicales de este planeta. Lilu en las teclas, Nico Mazzurco en batería y Mauro Ghia en guitarra.
Una banda que le da heterogeneidad al MUG, que acerca a nuestros oídos un calibre musical experimental altísimo, gracias a elles, al menos yo, le volví a dar cabida al jazz
en mis días para pedalear.

El Galpón de la música estaba colmado, localidades agotadas, sold out, (como pocas veces se lo vio). Juventudes enardecidas, brebajes espirituosos girando en grandes rondas, humos y sonrisas, ricos aromas de abril, las gemas y el glitter empezaban a brillar en la cara y la oscuridad de les presentes.

Momento de a mi entender, de una de las bandas mentoras de toda este gran movimiento groove, de pie por favor, Budajipis en el tablado. Una de las longevas  del festival, alimentando la música independiente desde vuestros recuerdos (año ‘12, 1er fiesta de Planeta Cabezón en casa de Irina [7 personalidades] en roca y santa fe, cuando la gum no existía), poniendole funk disco a cada cosa que se le presente, cientos de recintos, movidas, fiestas, ferias, fechas, festivales.
Difícil de adivinar el número de personas que han bailado al ritmo de les Budas. Que hermoso ver a todas estas bandas conformando un mismo colectivo del dancing, que termine una y comience la otra, ahicito nomá, que se mezclen, se integren, logrando conformar una masa uniforme, sólida, consisa.  Al frente los trombones de Melina y Leo, que tocan los caños como si estuvieran manteniendo una conversación entre ellos, detrás la guitarra de Pasquinelli, su manera de rasgarla marcó un quiebre en la escena local, como diciendo: “les que quieran bailar, la cosa va por acá”, en los graves y el meneo Josele, que junto Mauro Godine en batería, emiten la base donde se levantan estos cimientos de funk rock disco psicodélico que te hace un nudo en las patas.  Se puede reproducir su segundo material de estudio “Claudet” en  bandcamp, no te arrepentiras.

Las plasticola se empezaba a derretir a baño maria, las chancletas se comenzaban a pegar en el suelo, mientras tanto en el subsuelo de lugar, todes les musiques implicites en el movimiento, compartían un espacio y un momento que quedará en la retina de más de une, cruzades mezclades entre sí, risas, fotos, charlas, anécdotas, alegrías, solfeos, abrazos, todo estaba en marcha y funcionando. Que zarpado!

Tercer banda de la primer noche del FestiMug, La Negra por los altoparlantes anuncia a Kunyaza.  Quizás lo más cercano al soul que tiene el Mug, como una esencia negra en el ambiente de sus canciones. Un momento realmente alto energeticamente de la jornada, con las juventudes mirando fijo al escenario, chequeando firme todo lo que estaba pasando.
Algunos cambios en el esquema táctico  Guille Petraco en las seis cuerdas y Sofi Casadey en el tridente femenino de voz. Un repaso seleccionando tremendos tracks de su primer material discográfico “Partes del Fuego”. Podría haber sido algún otro de los  cuatro elementos, pero fue el fuego, como el momento en que sube a desparramar unas rimas Brapis (Caliope), aportando oxígeno de sus pulmones para que la llama siga creciendo, o el primer ida y vuelta en batería de Camilo Corradin (Caliope & CyF), que deja libre a su par Lauta Canals para que pueda cantar junto a Sofi Maiorana “ambay” y la noche se comience a estirar como una merengada. Que elegancia tiene Kunyaza, nos mima y sana algunos dolores. Los sonidos atrapantes de Lucila Priotti y su flauta traversa,  el bajo profundo y penetrante de Martin Valci, las atmósferas de Nano Bianciotti en teclados.  

Si bien contra el río hacía frío, adentro estaba cálido, resonaban buenas energías en el pecho, la sonrisa estaba clavada en el rostro, la capacidad estaba colmada, no quedaban postes libres para atar la bicicleta, mucho color en la ropa y en los pelos, mucho brisho, camperita de jean y cuero, pilotines retro, caricias, abrazos y besos.

Paola Santi Kremer se planta frente al micrófono para leernos algunas de sus poesías desde las hojas de su primer libro “Uma Pérola”. Una narración y un relato híbrido, combinando el portugués con el  español, rompiendo con el límite que impone el mapa geopolítico, hacen que la experiencia de escuchar la poesía de Pao tenga un distintivo al oído. Temblando su hoja pero no su voz, disparo en palabras mensajes que siempre interpelan a su auditorio.


Julio Scarafia amenizando la jornada, enroscado en las perillas y en sus canciones.
Como un profesional de la albañilería preparando la buena mezcla y uniendo cada segmento, un bloque tras otro para que la pared sonora y el viaje no tomen bifurcaciones y la barrileteada se anime a atravesar las grande nubes.

Abran las velas y apunten las embarcaciones río adentro, soplando en sudestada Latelonius.  Que pedazo de banda pordio, (etonoecocapapi), Gwido en saxo tenor, Manu Fuertes en trompeta y el Pibi Rosianski en saxo alto, son una cola de tornado que se lleva todo puesto a su alrededor, jaque mate al lobo de los tres chanchitos, volaron las chapas de toda la jerga presente, siempre agitandola,osea coreando (gritando) los solos instrumentales de las canciones de su primer álbum homónimo.
Que mal (pero bien) acostumbrados nos tienen esas bases de arenas movedizas que logran Mazzurco en batería y Facu Gil en bajos (si se arma un equipo los quiero a estos dos para salir jugando), tirado a la izquierda del escenario la muñeca del Llave danza sobre su bandeja pintando ese scratch que nos vuelve loques. Pisando más los pedales que la bocha, poniendo delicadeza, perfume fresco a la atmósfera, la guitarra de Santiago Corvalan. Cerrando las filas de este equipo con pulso jazz disco funkero, el negro Mauro Gigliotti en teclados, un pulpo experimentado, un tipo que sabe ejecutar muy bien su instrumento, proveniente del sur llegó a la ciudad de Rosario para participar de varios proyectos que lo depositaron a tocar simultáneamente en Latelonius, Chokenbici y Groovin Bohemia.

Suena “Disconius” y no aproximen materiales inflamables a la pista porque la cosa arde papi.
Las almas como aves ya estaban en ese frenético vuelo salvaje, poco murmullo y mucho baile. Nos enchastramos las bocas con toda la crema pastelera pero todavía quedaba la cereza.

Momento de cerrar la jornada en el galpón, momento de la Groovin Bohemia.
La ansiedad gana terreno en les cuerpes, los pico dulces de boca en boca despertaban las papilas gustativas. Escuchar a la groovin es una experiencia no solo audiovisual, es también una experiencia sensorial, es que me parece, logran llegar con sus arreglos a tocar fibras sensitivas muy íntimas de quien escucha. De quien se anima a cerrar los ojos para ver por donde lo lleva de paseo una canción, de quien se anima a soltar la piola y dejar en un segundo plano la ley de gravedad, beboteo intenso en el centro de la cuestión, el lampazo del baile colectivo comenzaba a lustrar la pista de baile, la arenga constante y necesaria del papu Ganjahlf. Ñu Disco baby, quien se anima a bailar?

Produce sensaciones como se desparrama Choka (voz) por el escenario, el fraseo de sus poesias, el movimiento de su cuerpo. La gran incorporación de Martin Vachianno en teclados para acompañar a Gigliotti, hace que la capas del hojaldre de esta masa auditiva sea múltiple y compleja. Todes estamos a la espera de su primer material de estudio que dicen estará listo para el invierno. Pero mientras tanto suena “Somos tribu y hermandad” una de las frases que mejor resume este hipertexto que es el Movimiento Unión Groove, “una señal siempre aparece / el universo te la ofrece / se desvanece si la ignoras/ llego tu tiempo bro surfea la ola. Momento super high cuando se escuchan las voces de Brapis y Sofia Maiorana para cantar al unísono está canción con toda la gente que estaba presenciando este momento histórico de la música de nuestra ciudad, que luego de haber experimentado este festival,
no quedan dudas que tiene proyección nacional y al infinito y más allá.

 

La primer noche (viernes 26 de abril de 2019) concluyó en el Berlín con Ex Empleades de la Nasa, trio ecléctico y desempleado conformado por Ani Books en loopera, Pasquinelli en guitarra y Hernán Flores en bajo, que nos dejó a todes en los bajos a punto caramelo para que el Vikingo del groove Mat Spiaggi nos de el chirlazo techno final para regresar con la última línea de batería a la panadería y luego a casa, para descansar las piernas, archivar lo vivido y juntar todo el power posible para el segundo día del #FestiMug.


Cronica dia 1: Juan Cruz
Fotos: Franco Zemog

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