NOTAS  23 de noviembre de 2018

El baile de los anfibios

El Anfiteatro fue sede del Festival Anfibio donde compartiron escena Los Peñaloza, Groovin Bohemia, Dancing Mood, Nonpalidece y Damas Gratis

Con un calor que ameritaba una pileta y con la complicación de no encontrarla fui recibido por la cumbia de Los Peñaloza en el Anfiteatro Municipal Humberto De Nito. Siendo las 19hs ya veo bailar a los presentes con mucho espacio en los escalones, anunciando una jornada larga de movimiento. Con el grito de “que sigan los Peña, pa bailar con ella” me doy cuenta de que sólo unos temas detienen su partida, por lo que dejo de ser espectador para pasar a la acción de mover las cachas.

Para las 20 terminan de acomodar todo para la aparición de la Groovin Bohemia. Suben con la energía y el charm que los caracteriza. En 20 minutos de funky ya el sol se esconde dándole paso a las luces, que tras el peaje de las córneas, aceleran la sinapsis entre una y otra ameba. Mientras tanto, con un Decadron encima, el cantante no inmuta su frenético baile que lo lleva de una punta a la otra del tablado. Las imágenes que presentan en la pantalla gigante van abrazadas al espectáculo lisérgico que nos estampan en nuestra piel.

A las 21 Dancing Mood despliega colores auriazules para abrazarnos con una cálida introducción instrumental basado en el diálogo entre armónicas y trompetas. Con su nombre flotando atrás, en letras de WordArt nos muestran unos pulmones infinitos en cada solo de los vientos. Con su segundo tema abren las puertas del infierno disparando llamas desde la pantalla y el protagonismo del saxo.

En un recorrido por el predio puedo verificar que los puntos de hidratación no existen y los baños se encuentran sobresaturados. De esta manera se violan dos de los servicios imprescindibles que, en mi opinión, todo evento debe otorgar a sus asistentes; más con la dimensión de la convocatoria que tuvo. De esta forma, entre mi indignación y el enojo que iba acumulando la gente pasó en silencio más de media hora desde que Dancing Mood dio el último acorde.

Con la pantalla repitiendo las propagandas y sin, al menos, una música de fondo me adelanto entre la gente para ver más de cerca a Pablito Lescano. Al cumplirse los 45’ de espera sube la banda y tras una prueba de sonido fugaz, que delata su reciente llegada, dan comienzo a su show. Con una lista interminable de éxitos conocidos desde mi infancia hasta el día de hoy hacen un enganchado interminable. La virtud del cumbiero para dominar su instrumento, enganchar temas y alternar efectos es acompañada con el nivel de una banda que anda sola. El público se desquita con un “Mauricio Macri la puta que te parió” sin que nadie los disuada, en cambio el baterista ayuda a mantener el ritmo con su bombo. Para las 12.10 se va el mejor showman sin dejar que nadie baje las manos.

Media hora después ocupa su lugar Nonpa comenzando con un enganchado de covers de Bob Marley, haciéndo que quien dudaba en irse eche raíces y se sacuda al ritmo de un reggae muy contrastante con la cumbia villera que acababa de sonar. Igualmente con el Anfiteatro lleno dejamos la huella de una jornada de baile que nos enseña que no hay géneros hoy.

Estamos en época de disrupción, deconstrucción y cambios de paradigmas. Así pude disfrutar de cumbia, funk y reggae en seis horas de baile y risas con amigos de distintos palos, ideologías y pasiones; pero con la misma convicción de que el futuro lo construímos hoy. El futuro ya llegó y hay que formarlo con lucha.

 

Texto: Cabezón N°27

Foto: Farid Dumat Kelzi (cortesía de dosdosuno prensa)

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