La realidad de los Espacios Culturales en Rosario: ser legítimos pero ilegales

A la crisis que atravesaban estos espacios se le sumaron las consecuencias económicas de la pandemia. Las problemáticas y su lucha, en primera persona.

Los espacios culturales albergan gran cantidad de artistas, son el núcleo de difusión de sus trabajos y también una fuente laboral para aquellos que comienzan a mostrarse de modo amateur o que llevan una carrera transitada. Sin embargo, desde hace años el sector se encuentra en una situación delicada y la pandemia terminó por potenciar la emergencia, como elles mismes la declaran.

Estos lugares surgieron por la necesidad de cubrir un vacío en la ciudad: el de los artistas emergentes que debían mostrar su trabajo. Para acceder a un escenario o un espacio donde hacerlo, las alternativas que tenían eran la de tener la suerte de ser convocado por los organismos estatales (y recibir el pago entre 5 meses y un año después), o acceder a las lógicas de trabajo de los grandes empresarios nocturnos que no les resultaban favorables.

Los culturales, siendo espacios que reciben a todos los sectores, para que participen en talleres, debates, proyecciones de películas, clases, entre otros; se instalaron como una opción de esparcimiento y desarrollo creativo en Rosario.

Pese a todo esto, nunca fueron reconocidos como tales ni lograron que existiera una categoría de habilitación para trabajar bajo la ley. Luego llegó la pandemia y se transformaron en uno de los sectores económicos más afectados, ya que fueron una de las primeras actividades en cancelar la presencialidad, y una de las últimas en abrir. A un año del inicio de la pandemia, se viralizó un video bajo el nombre “Emergencia Cultural, indiferencia estatal”, en el que artistas muestran la difícil realidad que atraviesan. Planeta Cabezón se contactó con les creadores del mismo para conocer la situación que viven hoy en día: Paloma Gallardo, técnica escénica; Lucas Roldán, músico y técnico de sonido; y Paula Montes, gestora cultural y coordinadora en Micelio Producción de Expresión .

 

La habilitación, una lucha pre-pandémica

La problemática de los espacios culturales en la ciudad no es reciente. Desde hace años que luchan por lograr el mínimo sostenimiento de los espacios, por no poder costear los gastos básicos; sufren del hostigamiento de vecinos y hasta la persecución por parte de los encargados de los controles municipales que se rigen bajo la ordenanza de espectáculos públicos que regula la nocturnidad N° 7.218 . Esta regulación no contempla una diferenciación entre los boliches de la ciudad con los espacios culturales ya que no existen como rubro dentro de la misma. Al esto ocurrir, estos últimos no acceden a tarifas diferenciadas, por lo tanto no reciben apoyo del estado en ese sentido y deben igualmente abonar los mismos cánones de impuestos, teniendo un ingreso menor. Además, exige requisitos en infraestructura casi imposibles de alcanzar sin un marco legal de por medio.

Otro de los conflictos es que puede habilitarse sólo una de las clasificaciones sin permitir que se realicen más de una actividad en simultáneo, es decir que puede estar habilitado como bar con números en vivo para actividades nocturnas, pero no diurnas. Por lo tanto las propuestas como los talleres no se encuentran contemplados por ninguna ordenanza, generando un vacío legal, y provocando que en más de una oportunidad, sean apercibidos y clausurados.

Así lo resumió Paula, quien marcó que la primera dificultad pasa porque no se pueden habilitar como lo que son ya que “en Rosario no existe una categoría o rubro de espacio cultural independiente”. “ Entonces siempre trabajamos en los márgenes de la legalidad o intentando encontrar una categoría que nos representara, no somos un bar que abre solo de noche, tampoco somos un teatro. Somos un espacio que trabaja desde la mañana a la noche. En la búsqueda de esa habilitación tuvimos dificultades con la policía, con la persecución, porque no se pueden hacer ese tipo de actividades porque no hay un marco legal que las ampare”, agregó.

Como respuesta a la falta de una regulación específica para los espacios culturales, nació en 2015 el colectivo Espacios Culturales Unidos de Rosario (Ecur). Bajo el lema #AhoraONunca , presentaron un proyecto de ordenanza para reglamentar los espacios como clubes sociales y culturales. El Concejo Municipal discutió la iniciativa, pero no prosperó. Con el tiempo, una decena de espacios que conformaban el ECUR terminaron cerrando, empeorando aún más el escenario. Entre ellos se puede mencionar a El Olimpo, El Espiral, La Chamuyera y Nómade.

La pandemia y la gota que rebalsó el caos

A las problemáticas pre-pandémicas, se le sumaron las consecuencias producto de las restricciones por contener el coronavirus. Les diferentes artistas y espacios culturales rosarinos debieron adecuarse al contexto de la pandemia, que limitó la realización de actividades presenciales.

Lucas expresó que la adaptación pasó por un “viraje a lo digital, a lo virtual, con la producción por streaming y el plantear el trabajo en plataformas como las redes sociales. Así, los espectáculos que eran presenciales se volvieron virtuales".

Organización, producción, puesta en escena y presentación artística, todas estas tareas debieron pasar al plano de lo online, llevando a les trabajadores a redescubrir las herramientas que antes eran aprovechadas sólo para la difusión. Facebook, Instagram, YouTube y aplicaciones de videoconferencias, desde comienzos del 2020, se volvieron vitales para estos espacios.

Pese a que pudieron seguir con las actividades a distancia, los ingresos económicos de los espacios culturales disminuyeron y hubo costos indispensables para su funcionamiento que no lograron cubrir en su totalidad: alquileres, servicios de luz, agua, internet, entre otros.

"Las restricciones de la pandemia dificultaron mucho más la situación, porque ahora se suma otro motivo: es todavía más ilegal reunirse y poder mostrar las producciones la pandemia limitó el contacto con el público, que era la principal fuente de ingreso Y tuvimos que trabajar con otras cosas que no tienen nada que ver con el arte o con la producción cultural", comentó Paula.

 

Una lucha continua por trabajar y ser reconocides

Crisis, problemas de habilitación, cierres e incertidumbre. Los últimos años los espacios culturales atravesaron distintas problemáticas y esto los llevó a declararse en emergencia. La pandemia acrecentó las dificultades y ante la situación que viven, sus trabajadores y todas las personas vinculadas a estos lugares no se quedaron de brazos cruzados y decidieron reforzar su lucha.

Como se hizo mención, uno de los reclamos pasa por la creación de decretos u ordenanzas que regulen la actividad. Algo que no prosperó años atrás, pero no es lejano imaginarlo ya que en el país hay precedentes de ciudades que cuentan con regulaciones que los contemplan, como lo son Buenos Aires, Bahía Blanca y La Plata.

El Colectivo Rosarino de Espacios Culturales (CREC) surgió como un punto de encuentro, de puesta en común, de visibilización de la situación que atravesaba cada entidad de la ciudad y para reclamar por acciones que cambien la realidad y no los lleve a desaparecer. A partir de las restricciones anunciadas por el gobierno, decidieron realizar un censo para conocer la cantidad real de personas afectadas por las mismas.

La falta de posibilidades de trabajar de manera presencial provocó que cada vez les resultara más difícil poder afrontar los gastos. Como resultado de este censo se conoció en octubre de 2020 que: “Sobre un total de 53 espacios, el 34% cerró sus puertas, el 50% no tenía regularizada su habilitación, 35 indicaron no haber recibido la “Asistencia Económica de Emergencia” del Estado provincial y 16 solicitaron algún tipo de crédito económico a partir de marzo (2020)”.

 

Mientras continuaban adaptándose y tratando de sostenerse de la manera que podían durante la pandemia, los reclamos de les trabajadores culturales siguieron con marchas, intervenciones artísticas presenciales y virtuales, siempre atendiendo a los protocolos sanitarios para evitar contagios. Así, les integrantes de espacios culturales se unieron a más de 30 organizaciones de las artes y espectáculos para conformar la Multisectorial de Trabajadores del Arte y la Cultura y seguir luchando por sus derechos.

El rol del CREC y la Multisectorial también es el de mantener el diálogo con los distintos niveles del Estado para paliar la crisis que atraviesan. Antes de la pandemia, reclamando una categoría para ser habilitados y durante, pidiendo volver a trabajar y ser reconocides.

Ante las pocas semanas que pudieron mantenerse abiertos, algunes trabajadores y espacios lograron acceder a ayudas económicas del gobierno, que “fueron deficientes”, según indicó Paula, quien detalló: “Hubo medidas por parte de los distintos niveles, pero la verdad es que las respuestas que pueden dar y que dieron son deficientes en relación a todo lo que produce la industria cultural. Es importante remarcar: la cultura produce dinero". Para reforzar esta idea, ella misma indicó que los últimos datos que se tienen son 2019 y muestran una incidencia de las industrias culturales de 3.5 puntos del PBI nacional.

 

Rosario, en emergencia cultural

Los distintos motivos por los que luchan los espacios culturales y sus trabajadores por ser habilitados como tales, sumado a la crisis económica que cae sobre elles desde hace años y ahora potenciada por la pandemia, llevó a que se declararan en “Emergencia Cultural”

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"Es un tema muy amplio, es difícil de abarcarlo y es principalmente por lo que el concepto de cultura significa, porque es todo lo que tenga que ver con los seres humanos en sociedad. Hay muchas expresiones y muchas dificultades distintas. Les trabajadores dentro de un espacio cultural no tienen los mismos problemas que una persona individual. Son distintos tipos de necesidades que necesitan otro tipo de respuestas”, apuntó Paula.

Además, dejó en claro los motivos principales por los cuales están en esta situación:


“Podemos decir y afirmar que hoy Rosario está en emergencia cultural porque los trabajadores del sector no pueden realizar sus actividades y viven de eso”.


El futuro de la cultura en Rosario

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