“Elena"

Por Ciruela Mágica. *Imagen: "La ballata di Pierrette d'Orient", Robert Doisneau

De repente el compromiso con la vida que le gusta tanto dejarse usar

Lo elevado marcado siempre por un par de tetas alzadas bien alto

Por el orgullo infinito de una cadera expandible

De ojos de caudales de amor

La delicadeza en la suavidad de una caricia, de una fina mano 

-    o una gruesa tambièn – 

pero al fin el tacto

la presencia que acuna en su pecho lo efímero de la vida

lo trascendental de la existencia

los miedos vencidos siempre por la ofrenda al otro

la vitalidad encarnada a la entrega;

total como ninguna otra

la capacidad de ser mujer-hogar (entre otras tantas cosas)

y la delicia de vivirlo saboreandose los dedos

relamiendose en la esperanza de un futuro asombroso

de los deditos todos en su lugar

de la enseñanza del latir del corazón

no siempre al mismo compás pero con la misma intensidad

de siluetas de labios rosados escapando de toda caballerosidad

de todo lazo que intenta sujetar y limitar

la esencia misma del perfume del vientre

de la inmensidad de los muslos-luna

en medialuna - y nueva cuando ya ni está -

cuando oscura y silenciosa se deja huir

escapar de los abrojos del gigante inconciente

que tienta y engaña con promesas de eternidad

adoptando las formas necesarias para encapsular

a la mujer-hogar, haciéndola olvidar

del poder resonante de su risa blanca – y pura –

de la fuerza naciente de la expansión de su útero

de la mirada de comprensión profunda

de la cobija en que se transforma su piel

cuando abre bien grande los brazos 

y sujeta con fuerza el mundo en su seno

después de haber dado luz a cada ser viviente

a cada idea, cada acción

a cada alma amante

y los sujeta con fuerza

con ademanes de una madre

de un universo de mujer

y nos sujeta con fuerza

abriéndose en la inmensidad del cielo

y las estrellas

dándonos para siempre un hogar.

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