El pasado sábado la banda Muñecas desplegó el show más grande de su historia para presentar su segundo disco con nombre homónimo.

Con la amenaza de diluvio azotando a la ciudad, llega la hora de abrir las puertas en una fecha que se hizo esperar. Muñecas presenta su segundo disco luego de dos años de trabajo fino. Para esto eligieron nada menos que el Vorterix ya que tantos otros lugares han quedado chicos para sus actuaciones y hoy lo hacen a lo grande.

Abre la noche Mi Paracaídas atropellándonos con energía. Tras los primeros temas el cantante anima a la gente a acercase y ésta,un poco tímida responde positivamente. El ambiente ya está propicio para que nos empujen a movernos y nos demuestren porqué fueron elegidos para esta noche. En tonos azules y violetas se presenta una formación compacta que no deja espacio sin cubrir y nervio sin sacudir.

Para cuando cierran el telón la ansiedad ya es incontenible, algunos pies todavía se sacuden y gritos se escapan entre la multitud.

Suenan las primeras notas entre aplausos y el público se compacta contra el escenario. Sonidos que nos rememoran el revival y la psicodelia de los ’60, se entretejen con indie, rock y pop de una manera que nos hace felicitar la psiquis de estos muchachos. Todos los procesos y fenómenos que hacen sus mentes fueron puestos en juego para dar temas como Alelí, Un robot o Marejada;  que nos mueven sin que lo podamos evitar. Pasan imágenes de cafés, humo y reflexión delante de mis ojos. Vienen y se van alternándose con el rojo violento del saco de Zero y los sacudones de Kito por el escenario.

Si la batería debe ser el pulso del corazón de la banda, Dani logra que sea el sistema nervioso completo. Acompañado sin fricción por los arreglos de las guitarras y el teclado nos hacen volar viendo el mundo de lejos.

El comienzo de Cowboy nos da una cachetada para despertar de este viaje y ponernos los pies en la tierra para sentir la distorsión que la sacudía.

Nuestro guitarrista estrella sació las ganas de espectáculo trepándose a las vallas, sentándose al filo del escenario y saltando por todo el espacio sin errar una nota.

Para cuando la banda se despide la gente exige un bis que no se demora. Como la tormenta que nos regala los rayos pasan tres canciones que se nos escurren de los dedos antes de darnos cuenta de que el recital había terminado.

 

Texto y fotos: Pablo Sánchez

El álbum completo lo encontrás en la página de facebook de Planeta Cabezón TV.

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