El lado B de un festival de bandas emergentes se llevó adelante el domingo 7 de julio

El segundo día, la Sala de las Artes abre sus puertas antes de las 20:00 para que arribara la gente de festivales. Esas personas que viven experiencias extensas; horas de espectáculo con una catarata de artistas mostrando lo mejor que tienen. Le tocó iniciar a BAD que lo hizo con temas como Mundo, Nudos y otros de su disco Camaleón.

Tras ellos tomó el escenario Algodón; banda uruguaya de indie-pop que interpretaría creaciones de sus cinco discos.  El último de ellos se llama Virtudes (2018) y cuenta con la aprobación de La delegación de las nubes,  que lo manifiesta como definitivo y esencia.

Chita es quien siguió. Cantante de veintidós años que supo combinar su voz con bases electrónicas para introducirnos en trance. Con canciones como No fue  o Piel nos trasladaban a sintonías de R&B y pop que se conjugaron de manera espectacular.

Se tuerce el timón hacia la música disco cuando toma la posta 1915. La gente dejó de lado su vaivén y se adaptó al ritmo retro funky que nos traen desde Buenos Aires. A las 10:30 amenazaban con retirarse; pero antes de hacerlo nos regalarían dos canciones más. 

Entre las presentaciones de cada banda mantuvo prendido el fuego, y con éxito, Dj Trigga Nigga. Con secuencias de ritmos evitaba que se expandiera la quietud, que desapareciera el movimiento perpetuo. Además la casa ofrecía, a cada costado de Trigga, tres arcades con geniales juegos como Metal Slug, 1942 o Street Fighter.

Siendo las 10:51 subió Conociendo Rusia. Los cinco músicos abarcaban el escenario bombardeándonos con un teclado punzante y distorsiones contenidas, medidas puntillosamente. Con coros monosílabos hicieron cantar a toda la Sala sobre el final de Loco en el Desierto, canción del disco debut de nombre homónimo al de la banda (o más bien, del proyecto solista de Mateo Sujatovich) y presentado el año pasado.

Continuó Cortito y Funky poniendo sangre joven, y hasta menor de edad, sobre las tablas. Ocho chicos tomaron sus instrumentos para disparar ritmos y cortes durante más de seis minutos. Aparecería con sus muletas la voz principal de la banda para seguir con Operadora y completar la formación. Con intercambios de instrumentos, bailes coreografiados y el atrevimiento de hacer agachar a todos los del público lograron dar un espectáculo enérgico y contagioso, tal como nos tienen acostumbrados. 

Sin tocar el silencio ni por un segundo siguen las llamas de Trigga hasta que vimos adelantarse hasta el micrófono, con una calavera en la mano, a uno de nuestros próceres favoritos: Manuel Belgrano. Con una introducción que muta desde un recitado hasta transformarse en una arenga nos carga de energía para el show que continuaría Militantes del Climax. Cubiertos por un increíble juego de luces y visuales que podían dejar convulsionando a alguien más sensible. Pero el público es de piedra y deja ingresar hasta las más bajas cortezas cerebrales esos pulsos de información luminosa. Siempre con el índice extendido hacia arriba nos sacuden con sus funks rapeados, con hip-hop puesto al ángulo. Nacidos en 2009 trajeron desde Buenos Aires lo mejor de sus dos discos editados.

Para la 1:55 cierran el telón del fondo y se dispone Romeo a comenzar su espectáculo. Sin embargo un problema con los equipos detiene diez minutos su inicio. Con una lista de reggaetón nos plantean un agridulce que pone a bailar a mucha gente. Terminaron el último tema sobre las 2:35 y enseguida se pusieron a trabajar quienes armaban el escenario. Se colocó un poste iluminación en uno de los costados y se notaba mucho movimiento detrás del telón. Esto es esperable en los momentos previos a Louta.

A las 3 en punto se para frente a la audiencia y es recibido con grandes aplausos. Su show es un sinfín de locuras, momentos surrealistas donde se solapan coreografías, fuertes efectos de luces y paso de diversos objetos por su espacio. Además de interpretar sus canciones, se dio el tiempo de jugar al piedra, papel o tijera con el público; de hacer agachar hasta la última persona del piso de arriba para explotar en un pogo y tirarse arriba de la gente para nadar durante el último tema. Termina en medio de la pista ahogado entre fotos, videos y abrazos.

Este final es el pase de gol para Broder quien traería una vez más a La Sala su fiesta Bresh.

 

Texto: Pablo Sánchez

Fotos: Yamil Veces

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