Una de las películas que recientemente ha desembarcado en los cines rosarinos es la historia de un peluquero de perros que tiene violentas amistades.

Por Agustín Barcos.

En la cartelera estaba la última película de Rápidos y Furiosos; pero después de ver las anteriores francamente opté por ir a ver esta película italiana que ha recibido varias distinciones en la última temporada de premiaciones, aunque no haya logrado entrar en las nominadas a los Oscar como películas extranjeras. Recibió premios en Venecia, en los Bafta británicos, ganando a mejor película, y en Cannes. En esos festivales recibió premios en diferentes rubros, pero la actuación de Marcello Fonte fue la que más premios cosechó, con el premio de Cannes a mejor actor como el más importante. 

Es la historia de Marcello, él es el dogman,  un tipo timorato y pusilánime que se encarga de bañar a los perros de la pequeña ciudad que habita. Ama a los perros casi como ama a su pequeña niña. Y es un tipo querido por su amigos y vecinos de esa desolada ciudad.  

   Las relaciones de las personas son muy intrincadas; a veces uno soporta malos momentos para caer bien, y otras soporta malos momentos porque no le queda otra. Aquí aparece Simone, este matón irracional que ve en Marcello un amigable felpudo. De esta relación no pueden salir muy buenas cosas. Porque hay esa gente avasallante, pero en el mal sentido, para la que sos un trapo de piso. Hay un cierto encanto en este personaje pusilánime llamado Marcello; me recuerda a otro pusilánime del cine, Fernández de la película El dependiente, de Leonardo Favio. 

   Es igualmente encantadora la atmósfera tensa y luminosa que nos trae el director Matteo Garrone, recordándonos que el cine italiano es del que tiene las mejores y más simpáticas historias.   Nota: 3½  de 5. (Muy buena).  

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