Leña al fuego y luz a los odios.

Yo tengo algo en común con los que tienen bronca a las mujeres del 32º Encuentro Nacional de Mujeres en Resistencia. Tengo algo en común con los que tiraron piedras a las ultimas a dejar el chaco, a los que se indignan ferozmente con las paredes pintadas, a los taxistas que nos dejaron sin transporte en la madrugada de Resistencia y a la policía que dejo sus puestos mientras tratábamos de volver a las escuelas porque nosotras no merecíamos su labor.

Una de las cosas que tenemos en común, esas personas y yo, feminista participante del encuentro nacional de mujeres, es que no deseamos el aborto. Yo no deseo que ninguna mujer llegue a tener que abortar. Ninguna mujer lo desea. Una de las diferencias entre nosotres es que escuchar mujeres reivindicar el derecho de hacerlo en condiciones salubres me llevó a querer saber más sobre el tema y entender que se trata de un problema de salud y de desigualdad social, no de mi deseo sobre como yo y otras mujeres debemos vivir nuestros cuerpos.

 

En el encuentro de este año, fui al taller sobre trabajo sexual porque para mí el tema me llevaba a un rincón que parecía no tener salida: por un lado nunca quiero decir a nadie qué debe hacer con su propio cuerpo. por otro, no deseo que nadie se prostituya (no por una perspectiva que haga del sexo tabú sino por querer que la capitalización de los cuerpos y de las relaciones intervengan lo menos posible en nuestras vidas). Así como me encantaría que el capital no reinara sobre nuestros movimientos casi todo el tiempo, me gustaría que tampoco lo hiciera en las camas (y a donde más les guste). Esta es una postura absolutamente particular, yo, Paola, tengo una perspectiva sobre el sexo que busca lo mas cercano a una espiritualidad natural, de la danza, de los tambores, de la tierra, de la conexión con el todo y la nada, desde los cuerpos. No digo que esto no pueda suceder si hay plata involucrada, digo que yo, particularmente, no deseo que haya. Transformar mi creencia en dogma sería un intento de institucionalizar a mis propios deseos, decir a otras personas como deben percibir el sexo, como lo deben hacer.

 

Escuchando a las trabajadoras sexuales en este Encuentro entendí mejor algo que ahora me parece obvio: bancar la reglamentación de la prostitución no requiere desear la prostitución. Simplemente escuchar a esas mujeres y entender que hay un trabajo siendo hecho en condiciones que legitiman la violencia física, moral e institucional sobre ellas y que esto puede terminar ya si se respeta su trabajo como se debe respetar a todos los trabajos. Yo, Paola, particularmente y con todo el respeto posible no deseo que nadie se prostituya, pero deseo menos aun que se prostituyan en la clandestinidad y sujetas a condiciones horribles, que no sean consideradas como personas con los mismos derechos que las otras, así como no deseo que ninguna mujer aborte, pero menos aun deseo que se mueran en clínicas clandestinas.

 

Lo fundamental en reconocer mis similitudes en pensamientos con las personas que me agreden por feminista, que me odian por mi revuelta, es que la diversidad de pensamientos que hace del Encuentro algo tan grande, plural y rico, y que hace el mundo cada vez más complejo, hace que la intolerancia sea un punto que necesita ser discutido antes que más gente sufra violencia de cualquier tipo.

 

Dentro del propio feminismo, del propio Encuentro, hay disparidades de pensamiento como en la temática de la prostitución. Están las abolicionistas, que como yo no desean que nadie se prostituya pero que (muchas) diferente de mi piensan que deben intervenir en la lucha de las trabajadoras sexuales para que no lo hagan; y están las que sostienen las reivindicaciones de las trabajadoras sexuales y para eso reivindican la figura de la puta, para que la puta tenga sus derechos respetados como todes les seres. en el encuentro que pasó este finde, algunas abolicionistas dejaron de escuchar y fueron violentas con las trabajadoras sexuales.

 

Mientras afuera, la ciudad (y el mundo) alimenta un odio difícil de entender hacia todas nosotras. Yo tengo diferencias y similitudes en mi forma de pensar con absolutamente todo el mundo. Lo que es determinante es ver quiénes (y que medios de comunicación, que instituciones) tienen interés en alumbrar las diferentes ideas que crecen en el mundo hoy y quienes van a alimentar el odio sin importarse de que esto realmente cueste vidas humanas. Y ahí loco, que triste. Suerte que les pibes ocupan las escuelas y nos muestran que se vienen tiempos en que las ideas se escuchan y se debaten.

 

 

Texto: Paola Santi Kremer

Foto: Gina Herrera

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