Chita y Kunyaza: El buen gusto de nuestra generación.

Chita dejó su huella en la ciudad y Kunyaza la despidió por un tiempo.

Viernes frío este de otoño que pasó, y el “winter is coming”. Aunque dentro del D7 ni se sintió.


Apretaron el escenario protagonistas que levantaron la temperatura del lugar. La que primero encaminó la atmósfera de la noche fue Chita, una artista que desde comienzos del año pasado viene ubicándose cómodamente en el indie nacional, con un sonido que se suspende entre el jazz, el neo-soul, el pop, y el reggae. Todo combinado en la banda que la acompaña y su voz penetrante, que le da cierta opacidad, y un manto de erotismo a los demás elementos.


La cantautora y pianista, se formó por un par de años en Londres y ahí absorbió buena parte del under de allá (Cosmo Pyke por ejemplo, promesa del buen gusto y de los nuevos referentes del jazz, soul y r&b de este milenio) y eso le dio el impulso suficiente para animarse a componer y mostrar lo que tenía. Así lo hizo en el recinto cultural que administra Ciudad Futura donde ofreció todos sus temas y hasta uno que está próximo a salir.


Es incuestionable que su voz es la protagonista de todo, la banda acompaña la experiencia con precisión y categoría. Cuerdas vocales firmes, que impregnaron y dilataron el ambiente con su espesura. Los músicos que la respaldan son Guille Salort en batería, León Peirone en guitarra, Francisco Azorai en teclados y sintetizadores, y Laucha Rico Gómez en bajo. Antes de cederle el escenario a la banda local, Chita le agradeció al público por haber comprado una entrada y haber presenciado el espectáculo, teniendo en cuenta el momento de crisis y ajuste que atraviesa el país.


El cambio de ritmo en la noche lo aplico Kunyaza. Ya no daba para permanecer sentades en las mesas, como una parte del publico lo habia hecho hasta el momento. Había espacio para moverse y la banda integrante del M.U.G (Movimiento Unión Groove) se entregaba para eso.


Algunos de los elementos anteriores seguían en la sala: neo-soul y el goce al servicio. Kunyaza le aportó funk a dos pesos y otra dinámica a partir de sus canciones. Las paredes del D7 se estiraban y arqueaban como la espalda de alguien que está en pleno clímax. El bajo a cargo de Martín Valci marcaba el camino con mucha habilidad. Las voces de Sofi Maiorana, Lucila Priotti y Sofi Casadey se enlazaban y combinaban en múltiples diseños según la atmósfera de cada tema.
Cuando no toma la posta con la voz, Priotti está dejando los pulmones en su flauta traversa, formando otra de las partes del fuego que arma Kunyaza en su concepto
musical.


La última parada del grupo en Rosario, antes de su viaje a México, acabó bien rockera con una versión del tema “Fuego” extendida y con puntos altísimos en la guitarra de Guille Petraco y la potencia ineludible del tridente vocal de las pibas. Kunyaza volverá a presentarse en la ciudad para el Festival Satélite que se va a realizar el 6 y 7 de Julio en La Sala de las Artes.

Texto: Juan Manavella
Foto: Gabriel Lovera

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