Mi Amigo Invencible trajo su música a Rosario para presentar Dutsiland, su última producción discográfica, desplegando su sonido en Fauna.

Sábado frío en la ciudad. La gente se reserva en sus aposentos con sus placeres de entrecasa, o se acumula para hacer una resistencia colectiva. Las calles que muestran su dolor y su placer, mientras las atravieso en mi bicicleta yendo al centro, hacia una de las calles en bajada que quiebran la ciudad. Julio acaricia su ocaso, se asienta en su último fin de semana, que recibe en Fauna a Mi Amigo Invencible.

Entre las vacías calles del centro de la ciudad, Tucumán en su bajada reúne un buen número de personas en la puerta de Fauna, que se van acomodando para ingresar a resistir el frío, al calor de los cuerpos, al calor de la música.

Manu Hattom liberó los acordes de su música para quienes se acercaron temprano al lugar, teloneando a los invencibles amigos de Mendoza. Luego de escuchar las canciones de Manu, Mi Amigo Invencible sube al escenario. Comienza a desplegar su abanico de sonidos de a poco, mientras el humo se esparce y se va generando la atmósfera sonora que rompe con lo anterior para dar paso a lo que viene, y se quiebra, de un segundo a otro con Dutsiland, del disco homónimo, flamante. Entre el frío de la helada realidad de allá afuera, la banda trae la sensación de un verano en Dutsiland. Y con la calma de esta bella canción se le abre paso al comienzo del show, repasando algunas canciones de este nuevo material de estudio, presentado en internet hace poco, y llevado por el interior del país en estas giras que trae a la banda a Rosario.

La banda invencible de gira por la provincia invencible trayendo su última y más reciente obra. En diálogo con Parlatanes el jueves pasado, Jopo, bajista de MAI nos contaba sobre el sentimiento básico de Dutsiland, como la sensación pura de la mañana, del desayuno, cuando los pesares del día no han recaído todavía sobre nuestras cabezas y podemos pensar con cierta claridad. Esa sensación es extendida y mantenida en lo efímero y eterno de un disco de larga duración. La grabación de Dutsiland se realizó en Gral. Rodríguez, en el interior de la provincia de Buenos Aires, pero la mezcla y masterización los llevó a San Francisco, a los estudios Tiny Telephone, en una experiencia que marca un antes y un después para la banda.

La sensibilidad y simpleza de las canciones de Mi Amigo Invencible, tocan algunos sentimientos perdidos entre nuestras mentes y nuestras pieles. No hay mucha vuelta en las letras, ni metáforas que requieran un exhaustivo análisis. El sentimiento es transmitido tal cual de la letra a la canción, y de la canción al oído. En las voces de Mariano Di Cesare, Nicolás Voloschin y Mariano Castro va girando la canción. Pasan algunas canciones de Dutsiland, y así llega de golpe Colmillos, con su riff incisivo, de su anterior EP Ciencias Naturales.

Entre el repaso obligado y deseado de su último material y canciones del resto de su carrera se va llevando adelante el show. Hay momento para un bellísimo homenaje, en un principio a Charly García, con Plateado sobre plateado, y un guiño a la música de Brasil y de Vinicius, con las voces al unísono cantando A tonga da mironga do kabuleté. Y así llega un pequeño descanso para los músicos, que se estiran un poco mientras suena una perdida bossa nova de fondo, para seguir dando su música.

La atmósfera que genera Mi Amigo Invencible es justa. En vivo su música tiene algo más que el simple formato canción que nos encanta a quienes gozamos de lo que hacen. Al presentarse en un escenario, y transformar las canciones para que alguien pueda ver como se interpretan en el momento, su música toma un tinte distinto, que tiene que ver más con la puesta en acción del cuerpo que con la recepción simple de los oídos. En la segunda mitad del show hay lugar para más canciones de todo su repertorio, como lo son algunas de La Danza de los Principiantes, o de otros EP como Nuestra Noche. También se siguen repasando las canciones de Dutsiland, y no queda ninguna sin tocar. Su música cala hondo en nuestro sentir, en nuestro cantar que cruza la ciudad en bicicleta. Encender algo para no apagarlo más.

La nostalgia sana que nos despierta sensaciones olvidadas, el futuro casi como pasado anhelado.  La cruda sinceridad de decir lo que se siente sin que la lengua tenga pelos. La tristeza como un sentimiento que puede tocarnos habitar, y que le podemos encontrar su belleza poética. La certeza de nuestra propia sensibilidad al reconocernos como personas y no como piedras. Las ganas de expresarme. Toda esa gama de colores y sus intermedios es simplemente un poco de lo que, al menos a mí, me hace sentir Mi Amigo Invencible.

El final del show es cada vez más sentimental, repasando algunas de sus canciones más coreadas por el público. Sobre el final la banda se reduce para acercarse más al ritmo del fogón con Noches de ciencia ficción y Piñas, dándole un respiro a algunos de los integrantes, que vuelven y se despiden con una de las canciones que más se ganó el amor del público, Máquina del tiempo.

Pasó así el show de Mi Amigo Invencible, despertando emociones en su gente. Sus canciones acompañan en la soledad de tu habitación, a veces tocan alguna herida que no suele ver la luz, y algunas veces acaricia el punto más sensible de nuestro ser. Entre la cotidianeidad del despertador, el supermercado y el trabajo, si hay algo que nos da la certeza de estar vivos, es el sentir. Valoremos la música que nos hace sentir, que aflora emociones. Esa es la música invencible.

 

Texto: Gonzalo Luján

Fotos: Gabriel Loverá

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