LUZ VERDE AL AGUANTE DE LAS PIBAS

La cámara de Diputados aprobó media sanción para que el aborto sea legal en Argentina. La resistencia de las mujeres derrumbó las paredes del Congreso. La ley está más cerca de concretarse.

 

Diez de diciembre, el calor se hacía sentir en cada rincón del país. Hubo quienes miraron desde sus casas las barbaridades que dijeron e hicieron determinados diputadxs, hubo quienes se llevaron auriculares a las oficinas para no perderse nada, estuvieron también aquellxs que prefirieron no saber nada del debate hasta que el resultado estuvo sobre la mesa y otrxs que desde muy temprano acamparon acampaban en distintos lugares de toda Argentina.

Sergio Massa, presidente de la cámara de Diputados, daba aviso que la decisión final podría ser cerca de las 2 de la madrugada, pero la cosa se extendió. Mientras tanto las redes sociales estallaban con el lema “es hoy”. En el congreso de la Nación de un lado los pañuelos verdes, del otro lado los celestes. En la plaza San Martín de Rosario, lugar de encuentro desde hace años para tantas luchas colectivas, empiezan a convocarse mujeres. Hay generaciones de ayer, de hoy y de mañana, todas coinciden en algo: anhelan que el Estado salde su deuda en salud pública y apruebe el proyecto de Ley de Interrupción voluntaria del embarazo.

Para las 20 hs la San Ma estallaba. Un escenario en una esquina, gacebos por todos lados y rancheadas en el césped, el cemento y la tierra. Mujeres en las rejas que resguardan al General, mujeres en los bancos, mujeres paradas, mujeres en cada rincón. Lala agita al público, Miss Bolivia se toca una cumbia del otro lado del parlante y las pibas empiezan a agitar. No importó más nada que ese momento. Risas, manos al cielo, abrazos de reencuentro, birras frías y el calor de la lucha colectiva era lo único que se respiraba en la tarde noche del jueves.

La adrenalina y la angustia de aquel Agosto del 2018, cuando entre lluvia y frio el senado bajaba la persiana al proyecto que garantizaba que las mujeres puedan decidir sobre sus cuerpos quedó en pausa. Este 10 de diciembre fue un carnaval. Pero la realidad nos golpea la cara a diario y sabemos que las consecuencias de la clandestinidad permanecien en el aire, sabemos que dos años después del no, las victimas de abortos clandestinos aumentaron: infecciones y hemorragias se llevaron a muchísimas compañeras. ¿Sabrán quienes nos representan que detrás de las cifras hay historias? ¿Quién se responsabiliza por esas mujeres que murieron en la soledad, intentando poner fin a una maternidad que no buscaron, que no desearon?

Jorge Enriquez, diputado por el Pro, dijo que las mujeres buscamos con esta ley un atajo, que queremos cortar con el problema de forma simple. Dice que se deben salvarse las dos vidas, mientras otros como él llevan al recinto problemas que nada tienen que ver con el debate en cuestión: que los pibes tienen hambre, que no pudieron ir a las escuelas en todo el año, que el coronavirus arruinó la economía, que el gobierno no hizo suficiente. Lo que no es casualidad alguna es que todos ellos formen parte del mismo bloque político, títeres de Mauricio Macri, quien dejó en la calle a infinitas familias, quien tuvo a los docentes durante cuatro años reclamando un sueldo digno, quien consideró que el Ministerio de Salud estaba de más, quien se olvidó de las políticas de género pero ahora imaginan que estando en el poder la historia hubiese sido otra.

Lo que no ven es que el pueblo tiene memoria, que las mujeres no se olvidan de quienes pusieron intereses personales, ideológicos y económicos sobre sus cuerpos. El diputado del Pro cree que la decisión del aborto es azarosa. Que las mujeres tomamos a la ligera la idea de poner fin a un embarazo y otro con el mismo poder que él, afirma que lo que se discutió en diputados es una mera moda. En ningún momento pudieron siquiera nombrar al deseo, no lograron ver más allá de lo que la biblia dice y remarca. No dieron lugar a pensar en el dolor que hay detrás de cada mujer que toma la decisión de acudir a la IVE, no fueron capaces de mirar en las heridas abiertas del movimiento feminista y tocar de cerca el vació que deja un abuso, el trauma que conlleva una violación, el miedo que paraliza hasta el alma cuando sabes que abortar en tu casa con perchas, ruda, perejil o té de hierbas puede matarte.

La marea verde, así decidieron llamarla, así se la veía desde los balcones. Un mar de mujeres que encontró la forma de ponerle voz a deseos que hoy necesitan convertirse en Derechos. El pañuelo colgado en las mochilas, en las riñoneras, en el cuello de las mascotas, en el cochecito del pibito o en incluso tatuados en algún lugar del cuerpo, significa una posición ideológica, pero sobretodo implica reconocer que en la otra hay una compañera que comprende cuán significativa es esta pelea. Las pibas sabemos que detrás del pañuelo, que detrás de las convicciones, están las pibas. Firmes, dispuestas, esperando.  Porque en un país que da la espalda a los problemas que enfrentamos las mujeres día a día, dónde los representantes del pueblo deciden derechos básicos mediante rosarios, cruces y biblias, dónde hombres se creen que pueden sentarse a dar discursos baratos de compresión sin útero, en el mismo país dónde muere una mujer cada 32 horas víctima de violencia machista, dónde se nos condena socialmente por intentar decidir sobre nuestros cuerpos, en este país las pibas nos cuidamos entre nosotras.

Nos reconocen en las calles. Nos sonreímos en los bares. Nos acompañamos en los taxis. Nos apoyamos en los proyectos independientes. Salimos a las calles cuando necesitamos justicia. Levantamos carteles de compañeras que no conocimos pero que el dolor de su muerte lo sentimos en cada parte del cuerpo. Organizamos ferias colectivas cuando el pan no llega a la mesa, creamos grupos de trueques, usamos taxis conducidos por mujeres, apoyamos a la otra en la decisión que tome. La marea verde camina codo a codo y para todas por igual. Por eso el jueves no fue un día más, fue el día. Pudimos reencontrarnos en el abrigo humano, vernos a los ojos, llorar y reír juntas. El jueves volvimos al lugar de encuentro: las calles. Este 10 de diciembre el grito colectivo y unánime, derribo las grandes paredes del Congreso de la Nación.

En siglos pasados la historia que estamos construyendo estuvo en la imaginación de las brujas quemadas en la hoguera, fueron ellas quienes nos forjaron el camino de la lucha colectiva, quienes nos enseñaron a poner el cuerpo por la de al lado, a entender que hay decisiones que van arraigadas a políticas públicas, que les guste o no a quienes nos representan las diferencias económicas se hacen presente también en esta discusión. Las ricas abortan en el ámbito privado, las pobres mueren en el intento de terminar con el dolor. Las pobres se van en sangre, y la sangre de nuestras hermanas se convierte en el motor que nos impulsa otra vez a exigir que la ley salga. Que la clandestinidad llegue a su fin. Que aborto no sea sinónimo de vergüenza. Que la maternidad sea deseada o no sea.Otorgar la posibilidad de elegir en libertad qué hacer y que no con nuestros úteros y que haya un Estado presente que nos garantice seguir viviendo es entonces el anhelo detrás de la tan discutida ley. 

Para la madrugada del viernes los resultados estaban listos. Más de una no durmió, más de una puso el despertador más temprano, más de una lo primero que hizo al despertar fue mirar si en esa planilla decía afirmativo o negativo. Para las primeras horas del día, la media sanción estaba aprobada, y la posibilidad de conquistar otro derecho se hacía ahora más factible. Perdonen si hablo en primera persona, si nos nombro en lo colectivo, si me involucro en la historia que les cuento, pero mi deseo de vernos libres es más fuerte que cualquier regla periodística. Será entonces abrazadas en el calor de la marea verde dónde seguiremos encontrándonos, más allá de los resultados finales porque si hay algo que tiene el feminismo es la resistencia amontonada, bailando en cualquier plaza, cortando una calle, agitando los pañuelos, cargando acococho a tu amiga, meneando hasta el piso con las pibas, aprendiendo de otras cultura, escuchando poesía, comiendo un chori o un sándwich veggie con los labios pintados y el glitter envolviendonos, con las latas frías en las manos -frías como los corazones de aquellos diputados que ayer nos decían de forma discreta que somos asesinas- con la mirada en el alma de la otra. 

A las pioneras, las que quedaron en el camino, las que transitamos este momento histórico y las que están por llegar: sepan todas que en el mañana seguirán encontrando una trinchera de mujeres resistiendo por sus derechos, estirando una mano cuando el mundo duela demasiado, subiendo el volumen de una cumbia cuando surja la necesidad de adelantar el carnaval, combatiendo al patriarcado, cada día y en cada lugar. Celebremos hermanas, que la Ley está llegando y procuremos no bajar la guardia, trabajar juntas para que una vez conquistado el derecho a decidir, el Estado garantice su eficacia: Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir.

Por: Ludmila López

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