Yo bien, ¿Y London?

Londrés, Mary Poppins, pintas de Guinness, Fish & Chips y la ansiedad de que una máquina automática no nos trague 20 libras. Veer Visitini nos escribe desde los pagos de Beckham, Shakespeare y Sid Vicious para contarnos sobre su nuevo hábitat y la difícil tarea que es el asentamiento. !Salú Cabezona!¡Traé alfajores!

Llegó el día y acá estoy...del otro lado del gran charco, tratando de instalarme por un tiempo en estas “Islitas pedorras!”, según un gurú amigo. Aunque por respeto a la sensibilidad de los fanáticos del té y de la “british music” (me incluyo en este punto), me voy a referir a ellas como las Sras. Islas Nórdicas Unidas: ¡Jelou chicas!

“Y London?” “Eh…bien, bien. Gracias”. Querido lector, qué le puedo decir, esto es, de derecha a izquierda, un cambio cerebral radical. La verdad es que nada de lo que imaginaba, sucede o es, como en realidad es o sucede.

Londres, es una ciudad impactante, inteligente y abruma-doramente espectacular. Tooodo es tan… tan ¡faaaaaa!  Y a la vez tan ¡ufffffff!

Mis ojos no pueden dejar de fotografiar todo lo que me rodea. Me genera un sentimiento ambiguo. Me gusta y a la vez me hace sentir tan insignificante, pero de una manera diferente a lo que genera la madre naturaleza. Esto es pura creación de la naturaleza humana.

Es una estructura muy británicamente correcta, con sus reglas, con su orden, con su tecnología y pulcritud. Y a la vez hay taaanta, pero taaanta diversidad cultural metida dentro de esta caja urbana. Tantos tonos de piel como se imaginen, tantos idiomas como se imaginen, tantos olores y sabores conocidos y desconocidos.

Esta ciudad es una red inmensa de transporte, de personas, de culturas, de historia y obviamente, de poder y dinero (Dios salve a la Reina… ¡Y a las Libras!).

Hace una semana y chirolita q llegué y ya me han agarrado tres crisis emocionales. Para los que no me conocen muy bien, sepan que soy una persona ehhh… bastante sensible. Pero el caso, es que es algo muy común, me refiero a los bajones y angustias, no tanto al moco tendido.

Mi teoría es que sufro el síndrome del “medio”. Soy medio turista, medio ciudadana, medio extranjera, medio argenta, medio tana. Tanta media, tanta media...que termino sintiendo que no soy nada y preguntándome ¡¿QUÉ CARAJOS HAGO ACÁ?!

Y es q uno no sabe por dónde empezar. Está claro que la ‘fucking’ ansiedad arrasó con todas mis expectativas. Cuando llegué, me encontré sin tener idea de cómo o dónde tomar un bus o subte, de cómo pedir algo para merendar en un “coffee shop” o qué decir para abrir una cuenta en el banco, para cuando consiga trabajo y gane algún billete. Y es que si renegás con esas cuestiones en tu país natal, imaginen en uno donde las formas de manejarse son las mismas, pero distintas. ¿Se entiende? Porque a mí me está costando, ¡Y bastante!

Es aprender casi desde cero, y digo “casi” porque menos mal (¡Una a favor!) que estoy viviendo con mi hermano.

Sé que el cagazo no me deja caer en cuenta de que antes de conseguir un laburo, tengo que curtirme. Saber moverme por la “city”, es decir, pedirle al tipo del súper con pinta de hindú que me cobre una banana, y cargarle crédito a la tarjeta de transporte con esa máquina automática que no sé dónde carajos meterle el billete… ¡¿Y si lo pongo mal?! Y si me lo morfa y pierdo ¡20 libras! 20 libras que son como ¡1.000.000 de pesos argentos! ¡Ahhhhhh mamáaaaaaaa!

Bue'...después, obvio que por medio del “llanto” llega el consuelo del hermano menor, del primo por skype y del novio por wassap, o como sea. Por un rato, se alejan los mocos de la nariz y los miedos de la cabeza, y aparece la ayuda de la mujer del subte que me dice cómo pasar la tarjeta, el chiste del cajero del “market” sobre el cliente anterior y el abrazo fraternal del tipo que me compró un colchón inflable para que duerma en su pieza, antes que en una bolsa de dormir en el sofá (mi hermano, aclaro).

 En fin, la verdad es que nada es tan terrible como se siente en un principio. Realmente, son muchos los que han pasado por esto antes, y siempre está quien te dice que te quedes tranquila, que todo se trata de "acostumbrarse".

Y al parecer, realmente es así.

Cosas lindas y cosas feas te pueden suceder allá, comiéndote un chori y tomándote un vino, o acá, en la tierra de Mary Poppins, con el “fish & chips” y la pinta de birra. Lo bueno de viajar es que, a pesar de que haya que comenzar desde cero muchas cosas (amistades, trabajo, costumbres) es tanto lo que uno aprende de lo que lo rodea y de uno mismo en otras situaciones, que de vez en cuando un lagrimón…una angustia, sirven para valorar una carcajada aunque sea en otro idioma, un abrazo en otro lenguaje y un "!Y las qué te esperan!" en un español bien argento.

¡Veer goes to London! ¡Bienvenidos! (el uso de las ‘comillas’, no es mera ironía)

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