"Las calles son nuestras"

Una mañana llegó Macri a la ciudad

Una mañana llegó Macri a la ciudad, acompañado de todo su custodio, para dar su pequeño discurso en la Facultad de Derecho. Y la plaza fue perdiendo todo ese color que le dan los pibes jugando a la pelota, ese color que le da la gente cuando va a tomar mates, que le da la gente cuando se apropia del lugar.

Ese espacio lleno de color nos lo quitaron aquella mañana, lo vallaron por la mitad y lo llenaron de gorras y gendarmes. Nos cerraron el paso, no nos dejaron pasar hacia la facultad. Si Macri es el representante de todos los argentinos, ¿porqué no nos podemos acercar?

Parece ser que ahora nosotros somos la inseguridad de la cual tienen que cuidarlo a él. ¿Y la función de la policía no era la de brindar seguridad al pueblo? Parece que no. Esa mañana quedó demostrado que la policía está para cuidar al poder del pueblo, porque para ellos, la inseguridad es el pueblo.

Inseguridad es la que sufrió Luciano Arruga, cuando no podía salir tranquilo a la calle porque la policía lo perseguía para que robe para ellos. Así lo persiguió hasta matarlo, porque sabía algo que no podía saber. Ahora resulta que Luciano es la inseguridad.

Así nos sentimos nosotros del otro lado de la valla: inseguridad. Esa mañana nosotros fuimos la inseguridad de la que esas 500 gorras lo tenían que cuidar al presidente.

En medio de toda esa bronca que cargábamos aquella mañana (bronca porque redujeron el presupuesto en educación a la mitad, porque nos suben los impuestos, porque nos endeudaron para pagarle a los buitres, porque Milagro sigue en cana, porque nos quieren sacar la ley de medios, porque reprimieron a los niños murgueros, y por un etcétera larguísimo); en medio de tanta gorra y aceituna que pintaron la plaza de gris, llegó el circo. Llegaron los malabaristas, clowns y acróbatas de la escuela de circo, jugando con los bombos de los militantes, haciendo doble altura, haciéndonos reír un poco. Usando el arte callejero para gritar que la cultura no se toca, y que el arte no es ruido.

Y eso es lo que nos queda: la alegre rebeldía. Hacer de cada lucha un motivo para expresarnos artísticamente. Porque todavía estamos a tiempo de llenar de color una plaza que nos pintaron de gris. Porque las calles son nuestras.

( Texto Gonzalo Lujan )

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