Diversa noche de artistas en el Gran Salón con La Rosarina

El jueves por la noche, el Gran Salón de la Lavardén recibió los shows de Shanti, Daiana Leonelli, Ani Bookx, y la perfomance de Sofía Coloccini. Todo amenizado por DJ Wayra.

Espiraladas son las escaleras que suben piso a piso el increíble edificio de la Plataforma Lavardén. Atravesando cielos que juegan a ser techos, entre oficinas gubernamentales y roperos surrealistas que ansían abrirse. Son cinco los pisos que hay que subir para llegar al Gran Salón, el de las cortinas rojas y las presentaciones artísticas. Y esos cinco pisos elegimos subirlos caminando, esquivándole así a la comodidad intrascendente del ascensor, que no te cuenta historias mientras sube.

Nos dirigíamos al Gran Salón porque allí nos esperaba una noche que encontraba a grandes mujeres artistas que alberga hoy por hoy esta ciudad, y que eran reunidas por La Rosarina, una nueva productora que propone eventos desde otro punto de vista. Afuera un diluvio se hacía pasar por universal, y enmarcaba la escena como si fuera una película, dirigida por alguien que elige bien los colores y romantiza las lluvias desde una ventana del centro.

Con el público ya acomodado en sus asientos, la corporalidad de Sofía Coloccini se erigía inmóvil a un costado, en un escenario bien montado que aprovechaba las rojas cortinas, casi inspiradas en Lynch, en corcondancia con el rojo vestido de época que la arropaba, y la tela del mismo color que ocultaba su rostro. Su cuerpo estaba parado dentro de un cuenco, y cuando los sonidos le dieron el lugar, al ritmo del Coraquenque Ciego de Silvio Astier, el cuerpo entró en movimiento, haciéndose cargo de lo performático, movido desde las extensas posibilidades de la contorsión, entre arcos y enriedos difíciles de explicar.

Sofía encara la perfomance desde sus herramientas adquiridadas a través de las artes del circo, eligiendo lo contemporáneo como método de expresión. Apareció en escena la arena que habitaba en el cuenco, para ser transportada por las manos, como reflejo del tiempo, que se mueve como impulsada por el arte que la posee, y que cae como atraída por las leyes de la gravedad. Inevitable tiempo arena puesto a disposición de lo performático, que lo transforma en arte, pero que no evita su paso. Tensión serena en escena, atención constante, y la solemnidad de un cierre, donde un rostro no fue necesario para expresar.

La noche de La Rosarina había comenzado, y daba paso así al primer show musical, el de Shanti. Desde que salio a la luz su primer EP, "Mercurio", su música se ha extendido bien por lo digital hacia los oídos humanos, y las oportunidades de ver su show en vivo son bien aprovechadas. Shanti Bustos pone la voz en clave de rap acariciando el canto, y Blas Urruty se hace cargo de la producción instrumental, desde el sentimiento chill hacia los tintes del soul y el R&B.

"Cambiar el diccionario" no es tan lejano cuando existe la decisión de tomar la palabra y hacerla música. Las canciones del EP van pasando y el público las disfruta, junto a algunos covers deliciosos bien interpretados, de Biig Piig y Eykah Badu. Se gozan las canciones que pasan, se desean algunas nuevas. Hay poder bien ganado en ese micrófono sostenido con fuerza, en las cuerdas vocales que se tensan y distienden al ritmo. Blas toma el bajo, lo suelta para encarar las teclas, y se hace cargo de las bases rítmicas. El momento está en sus manos en conjunto, y lo hacen crema.

Wayra se encarga de no dejar bache sin llenar a puro perreo, con temones de mujeres bien plantadas. Hip hop y otras vainas urbanas. Ella no se queda en lo inerte de sólo pinchar temas detrás de la consola. Pone el cuerpo y baila, y cuando la cosa explota, ella también estalla en baile a puro estilo adelante, en el escenario, donde se la ve agitar y revolver. Mucha fuerza amenizando.

Continúa Daiana Leonelli, y lo hace con toda su pura autenticidad. Llegada a Rosario hace pocos meses, luego de habitar casi toda su vida la más grande e incesante ciudad del país, vino con su guitarra y sus canciones a instalarse aquí. Pero esta noche no pudo tomar la guitarra con sus propias manos, debido a circunstancias de la vida que le pusieron un yeso a su brazo. La vida tiene sus vueltas, y ese yeso hizo que de esa guitarra se haga cargo Matías Vant. Y eso no estuvo nada mal.

Con literalidad y oscilando entre la risa y la sonrisa, Daiana canta y aprovecha entre tema y tema para contar quién es, como llegó ese yeso a su brazo, ese cuerpo a Rosario y esas canciones a hablar de lo que hablan, de sentimientos que se van modificando, de infancias engañadas por la trampa de la adultez y de esas cositas que nos pasan y nos gusta hablar con amigues, o plasmar en un pedazo de papel que se volverá música. Lo simpático de la ternura y lo compañero de la canción es lo que nos regaló Daiana Leonelli.

El diluvio no paraba, salpicaba, se hacía ver. Wayra amenizaba y refusilos se asomaban por la ventana cuando Ani Bookx salió al escenario, acompañada por Lola Sinasco. Casi diez años pateando escenarios hacen de Ani una artista ya consagrada en la escena local, que tras dedicarse mucho tiempo a grupos de los más ricos, durante la pandemia enfocó todas sus energías creadoras a su carrera solista, lo que dio vida a un EP alucinante, "Cómo escuchar un disco online". Celebro esta decisión que nos trajo nueva música de su parte, un repertorio fresco con la impronta que la caracteriza.

Con la compañía de Lola, Ani repasó este nuevo repertorio, que trae consigo los temas de este ya no tan nuevo EP, algunos más nuevos y algún que otro cover. Beats rabiosos, de esos que te dan ganas de patear la silla, pero te dejan bailando el torso. Letras directas sin tanta vuelta ni metáfora que engalane lo que hay que decir: "Sos botón cuando llamás a la GUM". Desde lo directo de esas frases hacia lo poético de Plutónico que se abre paso en la dulce voz de Lola, que baila sacada mientras Ani revolea la cabeza apretando botones. Este nuevo formato le sienta alucinante a Ani Bookx, que se empodera cada vez más en sus maquinolas, pero que siempre está craneando una nueva vuelta de rosca, que esperamos con ganas. El agite llegó al final y ya no hace falta catar el vino para bajarse toda la copa.

La Rosarina debutó como productora con esta increíble artística y diversa, de la mano de Jackie Sieras, que trae otras cositas entre sus manos. No es gallega, porteña ni venezolana: es La Rosarina. De acá, donde la cultura se las ingenia para gestionarse y no depender, para hacerse lugar ante restricciones y persecusiones. Siempre siendo responsable con el contexto, siempre dando lo que las personas necesitan. Esa rascadita para el alma que no cabe en plataformas digitales ni te la puede traer ningún delivery. Es cultura, resiste la emergencia, y la hace la gente.


La cobertura de fotos completa la encontrás en nuestro perfil de Instagram.


Texto: Gonzalo Luján Salguero
Fotos: Magdalena Dayub

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