NOCHE ARREMOLINADA EN LA LAVARDÉN

(por Aquel, para Ojo con las viejas y Planeta Cabezon) Recital de Acorazado Potemkin, presentando 'Remolino'


‘Los rosarinos siempre impuntuales’, me dijo el boletero mientras me fumaba un pucho y notaba que todos los artistas que traía el ciclo tocaban gratis menos Malosetti. ‘Es que se trae hasta el peluquero’ pienso y me río menos del chiste que de notar que estoy a punto caramelo para escuchar lo que vine a buscar: cómo suena en vivo el nuevo disco de Acorazado Potemkin, “Remolino”. El puto frío que te manda a dormir temprano se queda afuera, llegando apenas hasta las escaleras de la Plataforma Lavarden donde nos apuraban para entrar. Mientras me mandan a platea alta, todavía escucho al boletero que grita con voz ronca ‘vamos que empieza!’

II
Un presentador interminable nos cuenta todo lo que hacen en la Lavardén, con Acorazado ya listo detrás de él. La gente no aguanta más. Se siente como esperar esos interminables segundos de Youtube para sacar la publicidad. Una centuria más tarde, el stand up institucional termina. 
Enseguida, un ritmo agresivo e implacable sobre el redo nos recuerda que tenemos cuerpo y que vibra y se agita… por fin! Banda y público se van calentando con el correr de los temas. En el escenario la música también pasa por los pies de los muchachos, que se ponen a danzar en una coreografía bien intensa, sin cabeza ni pose. 
La guitarra sucia, el bajo milimétrico, la bata furiosa: hay algo del rock después del rock (tal vez), en la intensidad rabiosa del trío. Y contagia. Traicionadas y traicioneras las melodías cantan para que hiera, insisten hasta que la intensidad de las letras nos parten de lado a lado. La otra mitad, la que queda, se prende en un fuego rabioso y de arrabal. 

III
Al final, se van después de unos bises y nos dejan ganas de más, para la próxima. Afuera está helado. Me alejo de la esquina por Mendoza prendiendo un pucho. El humo que sube me agarra agradeciendo el regalo de Acorazado, que descubro en el amor, en el dolor en la calle, en una ‘promesa escrita en la piel que es de por vida’. Y me voy cantando con el frío hasta los huesos, y con la carne hirviendo.

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