Los adultos no existen: Agarrate Catalina en el Teatro.

Los referentes de la murga estilo uruguayo desembarcaron en el Teatro Mateo Booz para presentar su último espectáculo "Un día de Julio". Ahí nos hicimos presentes para olvidarnos de todo ese peso de la madurez.

Después de mucho pensarlo y de muchas noches sin dormir les digo lo que decidí: no existen los adultos. 


Nos movemos, nos independizamos, nos alejamos de nuestras familias y formamos una propia, pero nuestras inseguridades, nuestros miedos y todas esas viejas cicatrices crecen con nosotros y justo cuando creemos que nuestras circunstancias y nuestras responsabilidades nos han llevado a ser, por fin, un adulto te dicen algo como que sos un inmaduro, o algo peor como eso. 


Es un poco la premisa que tiene el espectáculo de la murga "Agarrate Catalina” titulado “Un día de Julio”.


Arranca con una situación de un incendio de una casa, como si algo hubiese pasado y que no entendemos, y en medio de caos, se presentan dos contrapuntos, por un lado Julio, un señor de 48 años, de oficio de reparador de objetos, a cuál vive con una gran visión llena ingenuidad y ternura, y que tuvo ese miedo de dejar esa gran zona de confort por lo cual se dedica a estar encerrado en su casa. Y el otro contrapunto, su madre. Quién tiene miedo de que Julio jamás vaya a crecer y dejar la casa que cohabitan juntos, y que mediante a una relación dura y ácida, trata de animarlo a que vea ese afuera que se estuvo perdiendo todo este tiempo.


Julio es un anti sistema y quizás su vida social, aparte de la madre, sean las ratas que habitan en la casa.


Mediante el espectáculo abordara temáticas del cuál la madre quiere mostrarle a él que el mundo es interesante, y para Julio el mundo está perdido porque ronda la crueldad. Pone propios mecanismos de defensa y elaboradas teorías de cómo entender la vida desde la ternura, mientras al son, va reparando los objetos del pueblo de una manera desinteresada.


Julio es transparente y genuino, y bastante hábil en su oficio, por lo cual va ganando fama en la comunidad, donde termina siendo aclamado hasta por las más grandes celebridades. 


Es como en un momento Julio se hace más grande, más alto, más mayor pero casi siempre sigue siendo un niño corriendo por su casa haciendo lo imposible por encajar con su madre.


Pero toda altura tiene una gran caída, y a veces una buena intención es malinterpretada. Y a veces ver el mundo con ojos de niños es lo que más uno necesita.  Y ver las pequeñas vueltas que puede darle al otro para sentir que la vida siempre te invita a disfrutar.


He oído que sí es posible madurar, simplemente es que no he conocido a nadie que realmente lo haya hecho.


Es lo que me pasó al presenciar ese espectáculo y que pude sentir en ese discurso plagado de voces, luces y formas.


Y es lo que le pasa a Julio, que no puede crecer sin desafiar, sin romper las reglas que crea para él mismo. Y que cuando las cosas no salen como él quería, no deja que le afecte, porque siempre va a ver algo nuevo para sonreír. Busca consuelo donde pueda encontrarlo. Y sobre todo, sueña, en contra de toda lógica, en contra de toda experiencia, como el niño que siempre fue, nunca deja de soñar.

 

Fotos y texto: Panchu Erijimovich

 

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