Seguimos rememorando lo vivido y bailado en aquellos hermosos dos días de Psicotropía en Parque Sarmiento. Ahora revivimos el segundo día de esta cuarta edición. Una catarata de música en el escenario principal y pasos tirados al amanecer. Abrazos, compañía y una bellísima sensación colectiva.

Aunque para algunos con falta de sueño, el festival fue uno y de 48hs (o más), tuvo un Día 2. Sábado en el parque de las maravillas, el sol como protagonista coronando un cielo diáfano, calentando la tierra, subiendo la temperatura del interior de las carpas. Con los grados aumentando comienzan a re surgir y circular los cuerpos psicotrópicos, buscando una cura a la resaca audio-visual de la noche anterior, y la pileta fue la solución a ese famoso problema, destilando los alcoholes en sus aguas. Los simios del bosque se transformaron en peces, las branquias abiertas para oxigenar el cerebro y recobrar energía para un nuevo shock musical. 

Sanguchitos improvisados, arroces con verduras, muchas frutas y unos tentadores asados, raciones de potencia calórica y proteica. El camping nuevamente entra en acción, comienzan a sonar los primeros acordes del segundo día. Algunos con caras largas porque se retiraban, unos felices porque llegaban, otros que todavía no encontrabas sus carpas. 

“Escenario X”: Con los rayos del sol todavía encendidos, comenzaron a sonar los primeros acordes de este segundo día psicotrópico. El escenario X es un bello espacio internado en el bosque, al que se puede llegar siguiendo un lindo camino con el sonido de las cotorras. Clásica Mentira se encargó de abrir este escenario con su música suave a fuerza de guitarra y flauta traversa, para el disfrute de la tarde. Luego Wiradjuri hizo lo suyo, con su didgeridoo y sus percusiones para hacer vibrar lo que todavía estaba dormido en los cuerpos de los que se acercaron.

- Aleph, Fitzca, Camadour: Le asignaron la tarea de volver  a conquistar el “elefante de cemento” (Escenario A) clavado en medio del bosque, besando el Rio Carcarañá con sus amarronadas aguas y pronunciadas orillas. Un quinteto rosarino con una música dulce para los odios psicotrópicos de los personajes que comenzaban a sentirse activados nuevamente, recargando sus pupilas con los colores que regala una puesta de sol. Amenizando y envolviendo el paisaje de canciones pop/rock,este grupo nos introdujo nuevamente en la música del festival y prendió el fuego elemental. 

El movimiento comenzaba a ser el principal estimulo de los cuerpos 

Segunda banda del segundo día, la fogata estaba encendida, el sol se había retirado tras el horizonte y el fuego era nuestro aliado. Cromattista hacia su debut en el festival, abriendo un bolso con muchos sonidos, cromáticos y acromáticos. Preparando la nave, estimulando los motores, cortando los boletos, convenciendo a los pasajeros de que este es el viaje correcto. Con un camino cierto y un destino a construirse. Melodías instrumentales para crear momentos, transmitiendo como una telaraña una emoción que trasporta a diversos lugares, segundo quien la escuche. Un clima de misterios, un viaje más interno, de una música sin género. 

Hungría: Dúo del sur de Buenos Aires, desde Temperley a Carcarañá, por segundo año consecutivo dejando de cara a todo el festival. Batería, guitarra, sintes y loops. Capas de sonidos superpuestas como una tremenda lasaña o una buena masa de hojaldré.  Comienzos, subidas, bajadas, corridas, frenos, como la topografía de un terreno montañoso. Esquizofrenia, temblequeo, momentos frescos.  Logrando la duda sobre su verdadero origen, no europeo occidental, sino, humano.  
Dos marcianos trash cómodos en un festival que los abraza y celebra su extraña música. 

Translúcido: También desde las tierras bonaerenses llegó Translúcido con su combo musical que denominan Electro Go y que llegó a Psicotropía presentando su nuevo LP "El Último Latido de Lao". Captando la atención del público continuando con esta ola progresiva y aportando sus tintes un poco mas electrónicos, de momento generando una especie de baile entre los presentes, de momentos limitándose a introducirse en sus mentes y entendiendo de que se trataba el festival, aclimatándose así a la humedad de las tierras del Litoral, encajando en el Elefante de Cemento perdido entre los árboles y respirando el aire fresco que otorga el río Carcarañá.

Sur Oculto: uno de los shows más esperados del día 2. Plato fuerte el de esta banda formato trio, proveniente de la vecina Córdoba.  Tierra que para el común denominador solo es del cuarteto, el turismo carretera y el fernet. Pero existe una linda movida músical, aunque el under  de la provincia no tenga muchos espacios donde tocar. Provenientes del lado oscuro de la luna, logrando un portal del tiempo entre realidades paralelas. El Sur Oculto, el país más austral del planeta, con el faro del fin del mundo. Batería, órgano y el bajo de Sebastián Esteves, sobreviviente de la formación original, que se ha ido (re)transformando durante estos 20 años, apostando all in a la autogestión, trabajando una música de alta graduación y complejidad. No rompieron los instrumentos porque no deben poder comprar otros, sino, la situación lo ameritaba. 

Lo lindo del Psicotrópia, es lo ecléctico de su grilla. El poder escuchar en una misma jornada a bandas que las separan e identifican los ritmos que componen a una sola cosa, la música, como atravesamiento común de este encuentro. 

Llego el momento de una banda que el año pasado cerro el “Elefante de Cemento”, con una participación ininterrumpida en las cuatro ediciones. Los Cuentos de la buena Pipa  domando a la bestia luego de la tremenda presentación de los cordobeses. Despidiendo su último material “¿Qué es el laberinto?”, armando flor de despelote bailable sobre la pista. Tirando más leña al fuego, para que todo arda y las llamas crezcan y con ellas el ritual, la ceremonia. Con su electro cumbia psicodélica, y que levante la mano como yo/ el que quiera un vino en cartón.  
Después de girar, bailar y flashear con la oruga gigante, tipo dragón chino pero pampeana, que apareció moviéndose sobre las cabezas de los oyentes, se hace difícil encontrar la salida, más si se trata de un laberinto. Una banda completa, con muchos condimentos, trajes y visuales, para que te animes a soltar un poco lo terrenal y te animes a descubrir lo oculto.  

Momento candente de la noche, turno de los ritmos jamaiquinos, únicos representantes de la isla Marley, con presentismo perfecto en el Psicotrópia. Como un llamado a la comunidad, el reggae- rock – ska con nuevos toques tirando a lo afro, sedujo a todas las aves que se encontraban sobrevolando el bosque, invitándolas a desatar un nuevo baile en el valle, entre la colina y el elefante.  El retorno de Rio Chino sobre su canoa de cañas luego de un tiempo de inactividad, fue otra las de las delicias del festival.  Extrañábamos a estos simpáticos orientales con costumbres argentinas, que le dieron alegría y un buen pogo a la cuestión. Buscando nuevos canales, atando nuevo hilos al ovillo, estrujando el trapo para ver lo que absorbió este último tiempo.

El humo salía de las cabezas transpiradas de los psicotrópicos presentes, una buena tanda de temas había agitado el avispero y las abejas necesitaban más polen para generar el dulce néctar.   

En un rastrojero viejo, pero fuerte, aterrizaron los Mambo Gratis. Que hermosa locura cargan esos personajes de la vida, un licuado tuti-fruti de ritmos e instrumentos, cercanos a lo circense y la música de duendes vestidos de verde al final del arcoíris. Guitarras, flautas y un violín que no descansaba desde Lomas de Zamora . Un mambo feliz para subir las hormonas de los presentes, incitando a chocar con el otro, a bailar como te salga y si no sale, a tirar patadas.  
Rock, punk y circo. Un combo realmente feliz, antagónico al Mc’s Donals. 

La noche comenzaba la retirada y los primeros rayos de luz pintaban las copas de los altos arboles del bosque. El barrio de las cotorras iniciaba la actividad de sus cantos y los grandes nidos colgantes despedían los plumíferos con más presencia en la arboleda. 

El último turno, luego de diez bandas, fue para la Groovin Bohemia.  Con el sol saliendo tras la colina, los músicos rosarinos, salieron al escenario “Elefante de Cemento” con la misma mañana. Con la luz natural pegando en la cara, recargando la última línea de batería. Diferente situación a la del año pasado donde les toco abrir el día 1. Estos muchachos nos hacen creer en el verdadero poder que tiene la música, con su funk caliente y sus taninos de psicodelia, lograron que todos los sobrevivientes de la jornada, se fundan en un abrazo. Cuando el after suele ser oscuro y oculto, el final del “Woodstock del Litoral” fue a puro sentimiento y amor. Incitando a la tribu de los que creemos que esto es la re-evolución, creando lazos  humanos entre desconocidos, un domingo por la mañana fuera de la gran ciudad. 

 

Texto: Juan Cruz Plano

Foto: Mariano Ferrari

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