“Ya fue, ya pasó”: El show de Indios cerquita al Río

Los rosarinos volvieron a los escenarios de su ciudad natal y el público les abrió las puertas. Ambas funciones con entradas agotadas. Indios hizo estallar el viernes.

El Centro cultural Güemes tiene una agenda que arde. Todas las semanas sorprende con show nuevo alimentando la manija de un año sin recitales en vivo. Ayer el aire se tiño de sensualidad y música, bailes, coqueteos y mucho pop. La banda liderada por Joaquín Vitola caldeo la esquina de Ovidio Lagos y Güemes.

La tarde noche arrancó de la mano de Ele Mariani, otro talento de la ciudad que junto a su guitarra y su voz te conquista desde el primer hola. A las 20.36 las cortinas se abren, las luces cambian de color y con atuendos al estilo Indios - pantalones Oxford, sombreros, kimonos, y traje – comienza el show. No quedaba una sola silla vacía. “Perdiendo la cabeza” es la primera canción que hace vibrar los cuerpos.

Después del saludo, la banda decide deleitar con “Jullie”. En el estribillo la voz de Joaquín se pierde y es el público quien canta. “No se olvida la distancia, no la olvida, no” y ¿Cómo olvidarla? Un año sin subirse a los escenarios, conectados mediante la virtualidad, sin aplausos, gritos de fans, sin el calor de los recitales. La banda quedó varada en México junto a Babasónicos cuando el Coronavirus comenzó a acechar.  En abril mientras el distanciamiento social se reforzaba, lanzan “Flores de enero” y enseguida empezó a escucharse en todas las plataformas musicales.

“Tardes de melancolías sobrevuelan nuestros días” canta Joaquín y la puerta que da a los días encerrados se abre otra vez. En el esfuerzo por mantenerse lo más cerca posible de sus seguidores, las redes sociales de Indios no descansaron: entrevistas, vivos y temas nuevos con videoclips incluidos. El quinteto no se quedó quieto por el contrario, trabajó para que las ganas de volverse a encontrar no se duerman con un virus.

“Si bien extraño que estén todos bailando, esto de hacer los shows íntimos e interactivos me gusta” dice el rosarino, y la gente aplaude. “Ya era hora de volver, recordar lo que fuiste alguna vez” dice la canción “El sol ya estaba ahí” y las sillas se hamacan por los cuerpos que van de un lado a otro. Ahora sí el calor que trasmite el show de Indios se apropia de todo el espacio. Para las 21.17 del escenario salían chispas. Nicolás de Sanctis hace un rol arriba del escenario y desde abajo los gritos se incentivan. Pero la cosa se pone todavía más caliente cuando suena “Casi desangelados”.

La camisa traslucida de Joaquín se desabrocha. Nicolás se acerca a él y el baile aumenta. El escenario les queda chico, quieren más. Saltan y sus pelvis se mueven entre las mesas de quienes fueron a verlos. Pelos sueltos y despeinados, sonrisas, labios que se muerden y calor. Un nene corre a los brazos, primero de Nico después de Joaquín que lo hace moverse al compás. Indios tiene ese cachondeo que gusta, que te deja con ganas de más. Sin prejuicios ni estereotipos. Trae la sexualidad a la mesa y la gente goza.

Con un repertorio que recorrió todos los éxitos de la banda, con canciones nuevas, y con una energía que te elevaba a otra dimensión, Indios hizo del viernes una verdadera fiesta. El show va a llegando al fin. “Hace tanto tiempo que me entretengo con las cosas que no tengo, me entretengo en la vigilia de sentir que lo importante es casa” dice “No te quedes solo” y Joaquín agrega: “Rosario es casa, gracias los amamos”. A las 22.00 el quinteto se abraza y saluda. La gente se pone de pie y aplaude con ganas. La cortina se cierra. Fin de la fiesta. Al salir te encontrabas con una cuadra de personas que hacían fila para ver la segunda función de Indios en su ciudad natal.

Por: Ludmila López

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