Música independiente y de autogestión a gran escala en la ciudad: Lisandro Aristimuño en Rosario

Lisandro Aristimuño y su banda pasaron por Rosario este sábado 17 de octubre y Planeta Cabezón estuvo ahí.

Aristimuño llega a Rosario en medio de una gira por el país y tras recorrer numerosos escenarios en España. Dio su recital en un Club Brow prácticamente lleno. Comenzó puntual  a las 22.15 y terminó de trasnoche, cerca de la una. En esta ocasión, para dar inicio al show escogió el tema “En Mi” de su disco Ese Asunto de la Ventana. Con 23 temas, espectadores y músicos recorrimos sus 10 años de carrera solista. Algunas canciones que se destacaron fueron: “Perdón”, “Azúcar del Estero”, “El Búho”, “Anfibio”, “How Long” -con un cálido zapateo flamenco de Rocío Aristimuño-, “Lobofobia”, “Anochecer” –uno de los momentos más alegres de la noche, con la banda sonando a pleno y Aristimuño tocando feliz entre el público-, “La Última Prosa”, “Blue” y “Es Todo lo que Tengo”. A los temas propios sumó dos covers, Avenida Alcorta de Gustavo Cerati y Par Mil de Divididos – tema que interpretó en varias oportunidades con la emblemática banda-.  

Entre las pocas palabras no cantadas, Lisandro mencionó a su abuela, cuya voz se oye al comienzo de "La Última Prosa", y admitió que disfruta de la tristeza sobre todo porque resalta los momentos de alegría.

“Estamos en familia, somos gitanos nosotros”, dijo antes de presentar a los músicos que lo acompañaron: Rocío Aristimuño, su hermana, en la percusión y voz, Leila Cherro en cello y voz, Pablo Jivotovschii en violín, Lucas Argomedo en cello y bajo, Martín Casado en batería y Carli Arístide, su primo, en guitarra. Todos con una gran presencia escénica y alguno con unas cuantas líneas de fiebre. Del sonido se ocupó el rosarino Franco Mascotti, de la iluminación, Patricio Tejedor y de la organización, su manager, Valentín López. 

Habituados a recibir su música en teatros o espacios más íntimos, el público local aceptó la dinámica del espacio de Club Brown, si bien por momentos lograr un buen sonido fue difícil. Los pormenores sonoros y de algunos vasos derramados, no opacaron el espectáculo: entre el humo, las luces y la variedad de voces e instrumentos, logró colarse el sonido del tren, completando la sensación de viaje en la diversidad de paisajes, llanura pampeana incluída.

Sonreímos frente a una postal de presente y futuro hermosos para la música independiente y autogestiva.

Texto y video: Irene Ri

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