Por suerte no fue un escritor serio

Hernán Casciari se subió al escenario del Vorterix, cual cantante de ópera, en «Una obra en construcción»

Por suerte no fue un escritor de saco y moñito, porque seguro nos explotaba un botón en la cara. El gordo Casciari se dedicó al humor.  Eligió el humor para no dejarse tocar las tetas. Eligió el humor en lugar de un sanguche de milanga con queso, inmaculado en papel film.  Y con ese humor que salva, como afirmaron Freud, Sacheri y las tortugas ninja, el gordo evitó el ridículo y vendió un montón de libros.

Ahora camina el escenario para compartir con su familia y sacarle la careta a los personajes del blog. Habla de Mercedes, el pueblo que lo re mil parió. De los vecinos, las porno importadas y hasta admitió cómo entregó a su hermana.  Recitó cuentos, mostró sus miserias, y así nos hizo más fácil acercarnos a las nuestras.

Empezó infartado y siguió comentando boludeces. No le creímos ni una historia de su infancia. Ni ahí, con Jorge Rafael Chichita -que ni en el juicio se arrepiente- de testigo. Pero cuando se apagaron las luces y dejó el libreto, un abrazo, un guiño, casi nos convence de que no es puro cuento. Ilusos.

Este no era un show para los que jamás vomitaron en moto, no estaba en sus planes. Los reventados entramos cómodos.  

 

Soledad

 

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