Sig Ragga en la Sala Lavarden

El pasado viernes 8 de agosto aterrizó en Rosario un grupo diferente a los demás. Planeta Cabezón estuvo allí para que sepas de que fue la cosa.

Cronica: Juani Plano - Fotos: Renzo Leonard

El viernes 8 de agosto desembarcó en la ciudad de Rosario, un cuarteto de Santafesinos diferentes a todos. Ante una sala llena de público cargada con la intensidad del reggae, el misticismo del humo que se transformaba por los aires y con músicos sobre escena  luciendo atuendos extravagantes; daban un carácter propicio para sentarse a escuchar  música jamaiquina de alto vuelo.Con un recital programado para las 21, pero como toda manifestación artística con su carácter de no urgencia, hizo que a las 22hs se abra el telón.

Comenzó el show, mientras los hombres pintados en el techo de la Lavardén, contemplaban todo desde arriba.  Las primeras canciones a manera de introducción, fueron una linda entrada para poder afiliarse al clima y que nadie quede afuera de esa esfera musical que se estaba construyendo entre el público y los artistas, y que tanto caracteriza a este género musical. No resultaba fácil enganchar la onda del ambiente y aquellos que no lo pudieron lograr, simplemente se relajaron en sus sillones y durmieron como bebes.

Los Santafesinos salieron a escena, con mamelucos blancos manchados con rojo (simulando sangre) que cubrían todo su cuerpo, sus caras pintadas con un plateado muy similar al plomo y sus cabelleras bordo. Lo que impactaba sin la necesidad  de escuchar su música.
Acompañados por buenos tarros de iluminación, lograron un clima sobre las tablas, que iba desde las canciones  alegres con resplandores amarillos, ha momentos intensos y oscuros, donde el rojo bañaba toda la sala.

Aunque la mayoría de los allí presentes prefirió disfrutar del show sentado, no faltaron aquellas personas que terminaron contra algún rincón bailando, fumando y  buscando chocar sus hombros con los de otros. De esa manera tanto los músicos como el público, ya estaban arriba un tren sobre ruedas, que nadie sabía muy bien a donde iba, pero aseguro que ninguno se quedaba abajo.

Los diecisiete años que acompañan la trayectoria de Sig Ragga, quedaron muy bien demostrados sobre escena.  Canciones muy livianas, cargadas de aire que ayudaban a flotar hasta el más pesado, y canciones que se mezclaban con un rock pesado, que hacían mover tu cabeza hacia tras y adelante. Cortes musicales muy trabajados, y bien logrados, demostraron que es una banda que meceré seguir chocando su pecho, con los grandes del Reggae a nivel internacional.

A las 00hs, la última canción fue entonada y entonces el telón se cerró por última vez.Todos contentos y  cargados de por una energía particular, salieron a encarar nuevamente la vida.

En ningún momento se dijo “Hola, chau o gracias”, así que no sabemos si Rosario y su público, es de su agrado o no.  Aunque con dos horas de música tan intensa, me animo a decir, Que si lo es.

Hasta la próxima Sig Ragga. 

 

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