Olor a nafta!

Combustión de energía, sensibilidad, talento y pasión: Nafta.

​El sábado veinte de marzo de dos mil veintiuno, al rededor de las 20 hs, caía el sol detrás de las muchas rosas de colores del Rosedal, ubicado dentro del Parque Independencia (Rosario), regalando un particular atardecer frente a nuestros ojos. De a poco ingresábamos en la nocturnidad, compartiendo el rito de ansiedad previo a un recital, condecorado por algunos ricos cigarrillos y unas latas frescas de birra artesanal, al son de los ruidos de escapes libres de motos, que heterogénea la ciudad.

El Hipódromo del Parque, fue el escenario elegido por la producción local “Asfalto”, para hacer tocar a NAFTA por primera vez en la historia en la ciudad. Con entradas recontra agotadas, en burbujas de a dos y cuatro personas, con un gran escenario montado para la ocasión, pegadito a donde corren los caballos, (momento loco en la intro “Sin un peso”), muchísimas personas de la región, pudieron disfrutar de un recital protocolar y acorde al contexto pandémico mundial.  

Al rededor de una hora de música brindo el grupo porteño nacido allá por 2016, “porque no tenemos más canciones que estas”, soltó Magamo al microfono. Con tremendas atmosferas sonoras, capas por capas superpuestas, trabajadas detalladamente, con sutiles efectos sonoros a modo de puentes de compases, todo convertido en canciones, NAFTA  tiene un olor que la vuelve adictiva.

“Tuve que poner un límite y escuchar una sola canción por día, para no quemar el álbum” tiro el Gonza Fernández, una noche en el club 1518. Es que nos rompieron la cabeza con el concepto completo de su primer material de nombre homónimo, lazando en octubre de 2019. Me animo a escribir que son de esos álbumes de carácter histórico tipo “La biblia” de Vox Dei.

Y nos puso a todes en algún momento a debatirlo, cantarlo y conversarlo en una de esas noches compartidas, o solo escucharlo en los auriculares del recorrido de una bicicleta vagabunda de horizonte un domingo por la tarde, luego de una noche distopica.

Siento que nos vemos interpelades por la elocuencia de las letras, pensamientos colectivos taciturnos, como hablados al oído, pero cantados, poesía urbana, voces íntimas de conciencia que aparecen por ahí, lazos creados y rotos en las mismas entrañas de personas que caminan la ciudad.

El show en sí estuvo buenísimo, tocaron absolutamente todo su repertorio, y hasta presentaron un tema nuevo, haciendo un guiñito a Rosario, que pronto estará subido a las plataformas. Se fueron, el público aclamo de pie y volvieron a tocar uno más. Enviamos aqui mensiones especiales en este post, para el equipo de audio y el equipo de luces, que acompañaron a les musiques e hicieron que el viaje de sentade sea introspectivo, pero elevado.

Solo me queda recomendar  que vayan a ver, escuchar y disfrutar en sus amplios sentidos, una obra de arte audiovisual postmoderna, digna de lo que sea, que ayuda a comprender en algún punto, las maneras de vinculación afectiva de una sociedad quebrada.


Escrito: Juan Cruz.
Fotos: Yamil Veces.

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